En los últimos días del año, el presidente del Senado, Daniel Scioli, presentó el «Plan Maestro para la Conservación del Patrimonio Cultural del Honorable Senado de la Nación», propuesta destinada a preservar los bienes y el edificio proyectado por el arquitecto italiano Víctor Meano en 1895. «Este Palacio es parte del patrimonio cultural de los argentinos y quienes transitoriamente pasamos por él tenemos la obligación de respetarlo y preservarlo», dijo Scioli.
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Si bien el edificio del Congreso fue nominado Monumento Histórico Nacional, hace poco más de una década -supuestamente-forma parte del escaso patrimonio que goza de protección legal. El flamante «Plan Maestro» contempla inventariar los muebles, obras de arte y otros tesoros, para «comenzar a cuidarlos», según dijo la senadora Sapag. Entre las piezas más importantes figura la estupenda araña y el revestimiento en mármol del Salón Azul, o los sillones del Salón de Honor tapizados en brocato azul de manufactura francesa que donó España en 1910, además de las valiosas obras de Antonio Berni, el uruguayo Juan Manuel Blanes, Quinquela Martín y el escultor Zonza Briano.
Consultado por este diario, el experto en patrimonio Fabio Grementieri considera que es «imprescindible» inventariar los bienes, pero agrega que «luego hay que analizar en qué condiciones se encuentran y establecer prioridades para restaurarlos». Pero, para él «la premisa fundamental es hacer una lectura integral del estilo, tener en cuenta la armonía del conjunto».
Lo cierto es que, inaugurado en 1906, el palacio brinda una prueba más del eclecticismo arquitectónico argentino. Meano conjugó en sus planos el estilo del célebre Parlamento de Berlín y le agregó la elevada cúpula del edificio de Turín, donde él había estudiado arquitectura. El resultado es una arquitectura especialmente sólida, que brinda la imagen de un Estado también sólido, un edificio único en el mundo por su eclecticismo que disfruta de una incomparable perspectiva urbana. A.M.Q.
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