4 de marzo 2020 - 00:01

El día que un vestido enfrentó a Evita y Libertad Lamarque

Con texto de Santiago Loza, la puesta de Diego Lerman incorporó tangos y canciones.

Costurera. María Merlino encarna a una costurera en la encrucijada de satisfacer los caprichos de dos mujeres: Eva Perón y Libertad Lamarque. 

Costurera. María Merlino encarna a una costurera en la encrucijada de satisfacer los caprichos de dos mujeres: Eva Perón y Libertad Lamarque. 

Tras una década de presentarse en salas del off y festivales, llegó al Picadero “Nada del amor me produce envidia”, de Santiago Loza, con actuación de María Merlino y dirección de Diego Lerman, que puede verse los domingos a las 18.

Tomando como punto de partida el mítico cachetazo que Libertad Lamarque le habría dado a Eva Perón, la obra es un melodrama musical con anclaje en el mundo de las cancionistas argentinas de los años 30 y 40.

Texto, dirección, interpretación, música, vestuario, luces y escenografía son exquisitos, lo que explica su permanencia en cartel tras pasar por el Sportivo Teatral, El Tadrón, La carpintería, Timbre 4 y funciones en Miami, Cádiz, Toulouse, Bogotá, Costa Rica, Caracas y ciudades del país. Conversamos con Merlino.

Periodista: ¿Qué la impulsa a seguir haciendo una obra que presenta su undécima temporada?

María Merlino: El texto está muy vivo en mi cuando lo sigo repasando, me sigue emocionando, por eso es que lo puedo seguir haciendo, porque no envejece, esa es la única forma de subirme al escenario y hacerlo después de tantos años. Y eso que me produce a mi evidentemente le pasa también al público.

P.: ¿Cómo es componer a una mujer de los años 40, inmersa en un paradigma tan lejano al actual?

M.M.: Tengo mucho vivido de cuando era chica, de escuchar tangos y radioteatros con mi mamá, de ver películas de cine argentino que me encantaban. Tengo recuerdos de haber visto y sentirme apenada por la Rubia Mireya de Mecha Ortiz o cuando escuchaba “Ya no sos mi Margarita” en el tango “Margot”, y esa hilera de mesas sobre las que ella desfilaba y era vapuleada porque se habría corrido de los cánones esperables para una mujer. No es que yo me puse a copiar a Libertad Lamarque, hay algo de eso que lo tenía muy vívido, por mi historia familiar, y con esta obra empecé a escuchar a cancionistas de esa época, me las escuché a todas, investigué y busqué cada tango. Hay algo de ese mundo que me es familiar. De hecho después de esta obra hicimos con Lerman y Marcelo Pitrola “Qué me has hecho vida mía” sobre la historia de Fanny Navarro. No creo que haya muchas letras de tango feministas, de hecho el primer tango escrito para una mujer fue “Yo soy la morocha”.

P.: ¿Qué puede decir del texto de Santiago Loza?

M.M.: Este texto maravilloso tiene rulos, siento que voy timoneando un barco en el que llevo a todos y a veces se va por las ramas, pero vuelve. Pareciera que dice cosas que son menos importantes hasta que llega al meollo, a la decisión de a quién darle el vestido, y vuelve a referirse a cómo era la mujer en esa época y a las posibilidades de decidir que tenía en esa época.

P.: Los tangos fueron añadidos por el director Diego Lerman y usted.

M.M.: Sí, los incorporamos, no estaban en la obra. El primer tema es “Volvé”, lo canto con la luz apagada y sólo la lucecita de pie de la máquina de coser. Es una letra que me hace mucho ruido , le habla a un hombre y le dice que vuelva y haga lo que quiera con ella, que la engañe, que a ella no le importa, que igual lo espera. Pinta a una mujer sumisa que era la mujer de esa época. El mundo del tango y de esas canciones tienen que ver con el mundo de la mujer de la que estamos hablando.

P.: Con esta obra viajaron por festivales del mundo, ¿cómo fue recibida?

M.M.: Pareciera no tener fronteras. Más allá de la anécdota muy autóctona de Evita y Libertad, el conflicto de la costurera habla de alguien muy simple a quien llega la necesidad de tomar una decisión que, siente, le da poder. Eso es algo universal.

P.: Pasaron por varias salas del off y llegan al Picadero. ¿Cómo fue el trabajo en las distintas salas y ahora en esta?

M.M.: Tenemos nuestro piso, llevamos para todos lados al maniquí, la máquina de coser y hace cuatro años Pablo Ramírez nos regaló en Timbre 4 el vestido final. Pero son detalles, la obra está similar, nunca igual, porque pasaron diez años, estoy más grande, tengo pelo corto y antes largo, tengo otro recorrido como actriz y siempre le encuentro sutilezas, cosas que me hacen sentir que la obra está despierta, que no es algo acabado.

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