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6 de junio 2008 - 00:00

"El franquismo aún sigue ocultando sus secretos"

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Documentalistas Montse Armengou y Ricard Belis: «A veces, en realities como ‘Quién sabe dónde’, surgían historias de las que ni los archivos históricos daban testimonio elocuente».
Comenzó ayer, en el cine Cosmos, un ciclo de documentales catalanes sobre la Guerra Civil Española, entre ellos «Ramón Pereda, el hombre que salvó Barcelona» (el creador de los refugios antiaéreos, que luego llevó a Londres), «El paraíso de Haffner» (sobre un anciano alemán, que vive en España junto a decenas de ex de sus colegas SS), y «Víctimas de la transición» (los 60 muertos de izquierda y derecha caídos entre 1975 y 1977, uno de ellos a manos del argentino Jorge Cesarsky, y por la espalda). Presentan el ciclo los periodistas y cineastas Montse Armengou y Ricard Belis. Dialogamos con ellos.

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Periodista: ¿Qué repercusión tienen estos films en España?

Ricard Belis: Salimos los domingos a las 21.30 hs por TV3 de Cataluña y hemos alcanzado un rating de 28 puntos, tanto o más que un partido de fútbol.

P.: ¿Tan mal anda el Barça?

R.B.: ¡Eso ayuda! Pero si llegamos es porque hacemos una investigación seria y una exposición rigurosa, simple y llana, para público amplio, sobre hechos que algunos creían que les había pasado sólo a ellos.

Montse Armengou: Armamos relatos corales, donde gente de distintas partes e ideologías nos muestra que ciertas cosas no le pasaron a uno sólo, ni sólo por mala suerte (por ejemplo, la famosa foto de la mujer que descubre el cadáver de su marido tras un bombardeo aéreo, ese hombre era falangista). Pero nadie se animaba a contarlas.

P.: Quizá no querían recordar cosas tristes.

R.B.:
O tenían miedo. Aún hay quien nos dice «contaría esto a cámara, total ya he hecho mi vida, pero puede ocurrirle algo a mis hijos, y nietos». Sobre todo en pueblos pequeños, donde mandan los descendientes de aquel que fusiló y se quedó con los terrenos de otros.

M.A.: Lo vemos en «Las fosas del silencio». Cuando, tras 40 años de franquismo, algunos decidieron localizar y desenterrar a sus muertos, el general Tejero gritó aquello de «¡Quieto todo el mundo!», que enlaza con el «Atado y bien atado» del Generalísimo, y todos se quedaron quietos los siguientes 35 años. Por suerte, diversos historiadores locales siguieron investigando las matanzas que hubo en sus respectivos pueblos. Pero duele ver que todavía hay tantas calles y monumentos de asesinos como Millán Astray, que gritaba «¡Viva la muerte!», y casi ningún reconocimiento a los maestros y alcaldes que procuraron mantener la paz y concordia en sus aldeas.

R.B.: Tampoco en los textos escolares hay una sola línea sobre los primeros presos de campos de concentración nazis, que fueron españoles, y de los que sólo volvieron 73. Lo contamos en «El convoy de los 927». Sólo en 2005 un ministro asistió al acto anual de los sobrevivientes. Y el juez Garzón, que hace unos juicios internacionales tan vistosos, nos preguntamos por qué no actúa del mismo modo en España. Mientras él perseguía a Pinochet, todavía vivía Ramón Serrano Suñer, «el cuñadísimo», responsable de esas muertes en Mauthausen. ¿Cómo puede ser que unos pobres documentales digan lo que deberían decir los gobiernos y los textos escolares?

P.: No tan pobres, si tienen tanto rating.

M.A.: Pero en 2001, cuando presentamos «Los niños perdidos del franquismo», silencio total. Solo se vio en Cataluña, Francia, y el País Vasco. Pero hay cosas que no se podían callar, que surgían inclusive en programas popularísimos como «Quién sabe dónde», en el que dos hermanas se reencontraron 60 años después de haber sido separadas a la fuerza.

P.: En «Los niños perdidos.» ustedes señalan también dos hechos dignos de un film de terror: la Falange raptando niños exiliados en Francia, y los experimentos del comandante y psiquiatra Gutiérrez Nájera con los prisioneros de guerra.

R.B.: Que se formó en congresos de psiquiatría de la Alemania nazi, y fundó luego la primera cátedra española de la materia. Sus experimentos, destinados a mostrar que los enemigos del franquismo eran enfermos mentales, contribuyeron al corpus teórico del régimen.

P.: Podría compararse con sus colegas postestalinistas, que justificaban el encierro de opositores en los manicomios.

R.B.: El publicó sus teorías en ediciones de la época, pero algunos informes los encontramosen una carpeta clasificada (es decir, todavía fuera de consulta) de un archivo histórico. Otro hallazgo valioso de ese documental es el manuscrito del fraile capuchino Gumersindo de la Estrella «Tres años de asistencia espiritual a los reos», donde cuenta cosas espeluznantes, de madres que preferían ser fusiladas con sus hijos, antes que dejarlos en manos del enemigo.

M.A.: En varios lugares, por diversas causas, es difícil acceder a ciertas carpetas de los archivos. Y es imposible ver aún hoy las que guarda la Fundación Francisco Franco, donde permanecen sus mayores secretos. Pero a veces me pregunto si el documento papel tiene más valor que el documento voz. Porque la sinceridad de un testimonio, o la posibilidad de una negación internalizada, suelen percibirse mejor en la voz que en el papel.

Entrevista Paraná Sendrós

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