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28 de junio 2006 - 00:00

El jazz de jóvenes excede al público habitual del género

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María Puga Lareo (31), Marcos French (20) y Daniela Spalla (21): todos ellos ya grabaron discos y realizan frecuentes actuaciones.
Los tres son muy jóvenes pero ya tienen un nombre en el jazz. Y no son los únicos en una música que viene rompiendo su habitual rango de pertenencia a la «mediana edad». Daniela Spalla, 21 años, es cordobesa y acaba de mudarse a Buenos Aires. Se dedicaba al pop hasta que empezó a estudiar canto y conoció a su coterráneo Juan Carlos Ingaramo. Con él se acercó a los discos de Miles Davis, Weather Report o Jaco Pastorius, y el jazz comenzó a meterse en su vida, y fue Ingaramo el productor de su primer disco, «Desvelo», del que participaron Osvaldo Fattoruso, Jota Morelli, Guillermo Vadalá y Gonzalo Aloras, con un repertorio que mezcla, en estilo jazzístico, a Luis Alberto Spinetta, Supertramp, Stevie Wonder y Los Beatles.

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María Puga Lareo, 31 años, es porteña. Sobrina lejana del compositor y director de orquesta Krzysztof Penderecki, empezó a aparecer muy discretamente en la escena local del jazz hace pocos años. De enorme registro vocal, su repertorio incluye standards del jazz y temas propios. Editó su primer disco, «Body and Soul» con músicos como Enrique Varela, Manuel Fraga, Ricardo Lew, Ricardo Cavalli y Hugo Pierre. Marcos French, cerca de los 21 años, nació en Catamarca. Vive hace mucho en Córdoba pero está organizando su mudanza a Buenos Aires.

Criado en el seno de una familia muy musical -aunque más cercana al folklore-, desde pequeño sintió inclinación hacia el jazz. Se enamoró de cantantes como Joni Mitchell, Nat King Cole, Ella Fitzgerald y Ray Charles, y más tarde conoció el jazz instrumental. También tiene un primer disco, «Just in Time», con un listado de canciones que incluye clásicos como «Route 66» o «Georgia in my Mind». A los tres puede vérselos y escuchárselos en los clubes de jazz de Buenos Aires y de algunas ciudades del interior.

Periodista: ¿Qué encontraron, cada uno de ustedes, en el jazz?

Daniela Spalla: Algo que tiene el jazz y no otras músicas: la libertad, el juego. Es una música muy rica en recursos.

Marcos French: Esa libertad es justamente lo que permite volcarse hacia otros géneros -como el rock, el pop, el gospel-, con el jazz como permanente punto de referencia.

María Puga Lareo: Coincido plenamente con lo que dicen respecto de la libertad. El jazz permite improvisar. Con el rock o el pop, en general se tiende a cantar siempre igual; el jazz, en cambio, permite reinventar una canción con cada interpretación. Pero agregaría que hay un amor por esta música que va más allá de cualquier explicación que podamos dar.

D.P.: También es importanteel crecimiento que han tenido las escuelas de jazz en los últimos años. Eso acercó a muchos jóvenes a un mundo que, años antes, no existía.

M.P.L.: Es cierto. Ahora es más fácil formarse; antes era más costoso. Además, la posibilidad que dan las producciones independientes, que también han crecido últimamente, permite a un artista nuevo tener su propia producción con mayor facilidad.

P.: ¿Y ocurre lo mismo en la audiencia?

M.F.: Por suerte, la gente joven le está perdiendo el miedo al jazz. Ha dejado de ser una música elitista y son muchos los jóvenes que también se acercan a esta música como público.

P.: ¿Sufren el prejuicio de los músicos hacia los cantantes?

M.F.: Ese prejuicio existe. Pero también con eso está habiendo cambios. Los cantantes se están formando como músicos. De hecho, nosotros tres también somos compositores y autores, y eso contribuye a cambiar la visión.

M.P.L.: Esa comunión entre cantantes y músicos se va afianzando en la medida de que dejan de ser simplemente «acompañantes» para empezar a ser parte de un proyecto.

M.F.: Ese trabajo junto a una banda es fundamental porque permite un desarrollo.

P.: ¿Cómo se hace para volver sobre temas conocidos y muy interpretados y encontrar una marca personal?

D.S.:Yo trato de no igualar ni imitar a nadie. En una interpretación están, además de la técnica, las vivencias personales, y creo que eso se refleja a la hora de cantar.

P.: Nuestro país, y Buenos Aires en particular, está viviendo un crecimiento muy fuerte del jazz pero, fundamentalmente, en la música instrumental. ¿Por qué el canto ha quedado relegado?

M.P.L.: Es cierto que lo instrumental ha crecido mucho más y que hay una gran cantidad de músicos nuevos; los cantantes todavía somos pocos en relación. Quizá tenga que ver con que los instrumentistas estén buscando hacer algo nuevo y los cantantes estamos más cerca del «mainstream». En ese sentido, me parece que nos aproximamos más al público en cuanto a la interpretación de temas más conocidos, y los músicos tienen una actitud más experimental; en algún sentido más elitista. Cada uno lo siente a su manera y todo es válido.

D.S.: Siempre es difícil encontrar el equilibrio cuando se habla de esta aparente dicotomía entre modernidad y tradición. Me parece que, en términos generales, el artista que no está en la búsqueda va para atrás. Pero hay que ver cómo se encara esa búsqueda.

M.F.: Exactamente. Porque se pueden cantar standards pero hacerlo de una manera personal, como decíamos antes. Y, en ese sentido, puede ser valioso el aporte del pop.

P: ¿Están teniendo buena aceptación del público?

M.P.L.: Por suerte, desde que empecé no he dejado de trabajar. Mi disco ya va por la segunda edición. No es fácil, pero se puede.

D.S.: Recuerdo que mi padre, cuando empecé con este estilo me decía «cambiale el ritmo a tus canciones». El jazz no es una música masiva, pero tiene su público.

M.F.: Sí, y también está bueno romper las reglas rígidas del jazz y mezclarlo con otros géneros. Eso permite que la gente joven no se asuste.

Entrevista de Ricardo Salton

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