6 de junio 2008 - 00:00

El legado de la irreverente Maresca

La escalofriante instalación «Wotan Vulcano» (1991), inspirada en la Guerra del Golfo, de la que sólo queda el registro fotográfico de Marcos López, como otras obras de Liliana Maresca.
La escalofriante instalación «Wotan Vulcano» (1991), inspirada en la Guerra del Golfo, de la que sólo queda el registro fotográfico de Marcos López, como otras obras de Liliana Maresca.
Bajo la curaduría de la crítica e historiadora del Arte Adriana Lauría, quien ha investigado exhaustivamente la producción de Liliana Maresca (1951-1994) se exhiben en el Centro Cultural Recoleta casi 100 obras además de documentación fotográfica y audiovisual.

A medida que se recorre la muestra se apodera del espectador una cierta emoción, mezcla de sentimientos encontrados, desazón, intensidad y admiración por lo que fue capaz de hacer y transmitir esta gran artista. Ya supimos valorar su obra cuando en 1990 trasladó al Centro Cultural Recoleta la ya entonces brutal realidad de la calle, el mundo degradado del cirujeo y los cartoneros que transmutó, con gran ironía, en una imagen de un carro blanco, no contaminado, así como una lujosa versión en pequeño tamaño bañada en oro y plata. «Recolecta», jugaba con las palabras, pero también exhibía el que provenía del Albergue Warnes con sus colores y olores.

Esta idea de la transmutación ha estado presente desde sus comienzos, ya que con materiales de deshecho reciclados realiza una serie de objetos neoexpresionistas en los que se combina lo pictórico, la no sujeción a regla alguna, el desenfado, especialmente influenciada por un gran maestro como fue Emilio Renart.

En muchos casos, por el carácter precario de los materiales o por distintas razones, muchas obras han desaparecido, pero allí están los registros fotográficos de Marcos López y otros que las han rescatado para una mejor comprensión y conocimiento.

Maresca era osada, libre, abordó el tema de la sexualidad masculina y femenina y las relaciones entre hombres y mujeres, Las fotoperformances de su bello cuerpo desnudo en las que la artista utiliza elementos de autotortura como corsés metálicos fueron tambien fotografiadas por Marcos López en una serie titulada «Liliana Maresca con su obra» (1983).

Siempre irreverente, organizó muestras en un lavadero para desacralizar la noción de que el arte sólo debía ser exhibido en galerías o museos.

En 1991 integró una acción colectiva para la conmemoración de los 500 años del descubrimiento. «La Conquista», una pirámide laqueada de color rojo con dos cuerpos geométricos dorados que refieren al oro extraído y la sangre derramada, un sillón colonial, emblema de poder, una terminal de computación en la que se registraban estadísticas sobre las etnias y el número de muertos durante la colonización. De esta obra de carácter minimalista se exhibe una maqueta parcial reconstruida en 2008.

Se exhiben fotografías a causade su destrucción de otra instalación plena de simbolismos y alusiones, difícil de olvidar, «Wotan-Vulcano» (1991). Inspirada en la guerra del Golfo, escalofriante la visión de ocho féretros que Maresca limpió y purificó a través del fuego, instalados sobre una alfombra persa en un ambiente dorado iluminado por una lámpara de petróleo.

En el Casal de Cataluña realizó en 1992 una instalación conceptual, despojada de todo esteticismo: tres carteles de publicidad en los que se leía: Disponible: Apto todo Destino. Liliana Maresca: 23-5457. Cuestiona así el rol del artista que necesita que « alguien» lo visualice y lo compre..

Unas gigantografías de fotos de archivo de «Página 12» reproducen «Imagen Pública-Altas Esferas». El cuerpo desnudo de la artista rodeado de retratos de dictadores, genocidas , rostros conocidos del poder y la corrupción que hacen, como lo señala Lauría, «que su cuerpo aparezca vulnerable».

«Patín!», «Ella y yo», «Autito», «Pinocho», objetos entrañables que remiten a sus afectos, lúdicos, evocadores de su infancia realizados en 1994. Dibujos, poemas ilustrados: «Destellos de iluminación /Burbujas del Cosmos/ Mi vida es este dibujo/ vos, yo, mi diálogo estérilinterrogando al vacío/

  • No contesta/ Dios da ocupado/ Y estoy sola/en el final de la copa. /La fuente no se agota.»


  • «Liliana Maresca-Transmutaciones», una muestra cargada de sentido y que se lleva con uno al abandonar la sala, clausura el 25 de junio.
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