El regreso de Soda Stereo hizo vibrar a River

Espectáculos

Soda Stereo. G.Cerati (voz, guitarras), Z. Bosio (bajo, armónica, coros) y Ch. Alberti (batería). Invitados: L. García, T. González y L. Fresco. (Estadio River, 19 al 21 de octubre; repite, 2 y 3 de noviembre).

Soda Stereo entró ganador al Estadio de River y, al menos en la noche del debut, le alcanzó -y, por momentos, hasta le sobró- con mantener el resultado sin transpirar demasiado.

El primero de la larga serie de shows que el trío hará en Argentina y en otros países de América Latina, diez años después de su separación, volvió a exhibir las virtudes que fueron las que pusieron a este grupo en lo más alto de la industria musical del continente. Entre las más de 25 canciones que se escucharon hubo temas de las distintas épocas de la banda, pero ningún estreno. Tampoco hubo -como sí sucediera alguna vez- un excesivo «lookeo» de los músicos. Bastaba, al parecer, con una historia rica en éxitos y una significación que se ha ido agrandando con el paso del tiempo, al punto de que muy buena parte de quienes están asistiendo a estos conciertos -cualquier observador atento lo descubre fácilmente- ni siquiera conocía canciones emblemáticas del trío.

Respaldados por la puesta y la iluminación de Martin Phillips -atractivas, aunque relativamente sobrias para lo que suele suceder en los estadios-, con tres músicos invitados que permanecieron en el más absoluto segundo plano, con el profesionalismo instrumental y vocal que siempre los ha caracterizado, los Soda se movieron en su propio piso; y con eso sobró para dejar conforme a la enorme multitud que colmó River (alrededor de 70.000 personas). Prácticamente sin cambios respecto de las versiones originales, y sin grandes peroratas por parte de los músicos -apenas algunas palabras de agradecimiento de Gustavo Cerati-, desfilaron emblemas del grupo, como «Juego de seducción», «Hombre al agua», «Sobredosis de TV», «En la ciudad de la furia», «Telekinesis», «Picnic en el 4º B», «Signos», «Cuando pase el temblor», «De música ligera», «Nada personal», y tantos otros.

Todo fue eficiencia, música bien tocada, canciones que, en su mayoría, han resistido el paso del tiempo, coros tímidos de una multitud que se repartió entre viejos fans y muchos curiosos, y un negocio monumental -auspiciado por una compañía telefónica- que no tiene similitud en el mercado local.

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