15 de julio 2005 - 00:00

El "Requiem" de Brahms tuvo una valiosa versión

«Un requiem alemán», Op 45, de J. Brahms. Orq. Filarm. Buenos Aires. Orfeón de Bs. As. Direc.: Michel Corboz. Direc. coro: N. Andrenacci y P. Piccinni. (Teatro Colón). 13/7.

La temporada de Festivales Musicales de Buenos Aires -este año denominada «Las Tres B» (Bach, Beethoven y Brahms)- produjo un nuevo concierto en el que se ejecutó «Un réquiem alemán» («Ein Deutsches Requiem»), Op. 45 de Johannes Brahms. Para su concertación volvió al país uno de los especialistas más caracterizados de la música coral internacional, el maestro suizo Michel Corboz, quien al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y del Orfeón de Buenos Aires, este último con la conducción asociada de Néstor Andrenacci y Pablo Piccinni, brindó una versión profunda y emotiva de la partitura. La obra, organizada en siete partes breves, insume unos setenta minutos de duración.

En ella el compositor refleja de modo contundente el efecto que produce en él el misterio de la muerte. Impulsado por su admiración ante la figura de Schumann, fallecido en 1856, Brahms concibió esta obra que recrea textos del Antiguo y Nuevo Testamento en la versión luterana y extrae de ellos una sencilla pero significativa poesía sobre la finitud del hombre.

Un poco a la manera de los grandes oratorios del Barroco y del mismo Romanticismo con el que Brahms comulgaba, esta creación es un modelo de síntesis donde tratamiento vocal y orquestal se encuentran al servicio de los postulados religiosos que hablan del destino irreversible del hombre y la grandeza divina.

La interpretación de Corboz fue la de un auténtico conocedor de la partitura.

Intensidad y pasión sumadas a una serena resignación se polarizan en los siete números. La densidad orquestal se equilibró con las sutilezas vocales del Orfeón, que valorizó las texturas polifónicas, expuso con convicción la belleza de los textos sagrados (que fueron subtitulados) y con refinamiento los «pianissimi», a los que en muchos momentos acude Brahms para trabajar su expresividad.

Orquesta y coro respiraron con la dinámica justa producto de un gesto sobrio y del pulso del conductor. Tanto la voz de la soprano Mónica Capra en el número 5 y la del barítono Víctor Torres en los números 3 y 6 aportaron belleza y sensibilidad en una obra que exige como premisa no sólo perfección sonora y técnica de cada ejecutante sino también concentración y hondura para el desarrollo dramático.

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