El sentido social marcó el trabajo de Jorge Goldemberg

Espectáculos

(17/04/2001) En el período comprendido desde los años '60 hasta mediados de los '70, la arquitectura vivió la era de los concursos, que produjeron una competencia ceñida y numerosa. La creatividad que generaron esos certámenes tuvo el efecto de un mayor beneficio en el desarrollo de la arquitectura argentina y en el afianzamiento del período que se denomina de integración. Hay que recordar, en este sentido por la transparencia de los concursos, al arquitecto Paco García Vázquez, al frente de la Sociedad Central de Arquitectos.

Desde la década del '80, con la recuperación democrática operada entonces, continuó en la Argentina el proceso de concentración poblacional en Buenos Aires, con los consecuentes problemas de vivienda en la Capital y, sobre todo, es obvio, en el Gran Buenos Aires. En el ramo de la vivienda masiva han sobresalido las propuestas del Estudio STAFF, formado en 1964 por Jorge Goldemberg, Angela Teresa Bielus y Olga Inés Wainstein-Krasuk.

Cofundador de la Organización de Arquitectura Moderna a comienzos de la década del '50, Goldemberg, fallecido el pasado 10 de abril, había iniciado en 1963 su tarea docente en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, actividad, que sólo interrumpió durante la dictadura militar, y que luego retomó, como profesor titular de Diseño I-V, siendo su adjunta, Teresa Bielus, su mujer.

Goldemberg señaló una serie de observaciones sobre el tema de la vivienda, en la que, sin duda, acumuló una larga experiencia. Ya entonces afirmaba que «estamos todavía lejos de poseer una vivienda para el pueblo y, más bien, nos encontramos todavía con una vivienda para los constructores, es decir, gobernada por la ecuación promoción producto-rendimiento».

Aquellas aseveraciones, que no podrían ser desdeñadas, sirven, a la vez, para observar con interés las modalidades y logros del estudio en un dominio arquitectónico-urbanístico durante las décadas del '70 y el '80, en el cual ha descollado de manera evidente desde 1969, cuando se impuso en el concurso para el conjunto habitacional de
Morón (864 unidades), al que siguen los de Ciudadela (1970-'71) y La Matanza (1970).

Pero no se exagera al señalar que la obra por antonomasia de esa época es el conjunto habitacional
Soldati, en Buenos Aires (1972-'78). Surgido también de un certamen nacional de proyecto y precio convocado por la Secretaría de Vivienda, consta de 2.000 unidades con 240.000 m2 cubiertos. En un único clima urbano de fuerte densidad, Goldemberg dispuso las viviendas según diferentes alturas y de acuerdo con una trama que atienda a las condiciones de orientación y asoleamiento, recreando las situaciones ambientales de un barrio tradicional.

Al sur

El conjunto habitacional Florencio Varela, al sur del Gran Buenos Aires (1974-'78), fue diseñado poniendo especial énfasis en incrementar las superficies mínimas de las viviendas (1.300 en total), en aquellos locales que hacían a la mejor convivencia diaria, a pesar de las estrictas condiciones presupuestarias del plan en que se hallaba encuadrado. Se creó allí una estructura urbana con un circuito vehicular que intercepta a la espina central del conjunto (peatonal y de funciones dinámicas), en una sola zona de cruce. Esta espina circulatoria va configurando áreas para el desarrollo de espacios comunales denominados plazas de los encuentros, con sectores de juegos infantiles, centros comerciales, guarderías, escuelas y sitios de esparcimiento. Con el objeto de evitar que la pérdida de individualidad, dentro del conjunto se realizaron juegos de volúmenes.

Para los conjuntos
Río Grande A y B, en Tierra del Fuego, proyectados en 1974, con Antonioni, Schon, Zemborain, Fervenza y Hall, se trazó una unidad residencial integrada, pues además de la vivienda prevé los edificios de equipamiento comunitario, las instalaciones correspondientes a una infraestructura de servicios eminentemente urbana, y el tratamiento de los espacios para el desarrollo de la vida y el intercambio sociales.

El conjunto
Villa Minera, en Río Turbio, Santa Cruz -diseñado en 1975 con ASZFH y Aldecoa y Puente-, se estructuró a través de una zona central de equipamiento comunitario y de una trama de sectores de viviendas vinculadas entre sí por una red peatonal semicubierta, a la que jerarquizaban ejes principales cada 75 m. en el sentido Este-Oeste, y conexiones transversales secundarias Norte-Sur.

La organización urbana del conjunto
Formosa y su particular ubicación en el acceso a esa ciudad fueron los dos principios rectores del proyecto, vencedor en el concurso abierto en 1979 (1.000 unidades, 79.500 m2). Goldemberg y sus asociados se plantearon el criterio de evitar la pérdida de individualidad de la casa, lo que resolvieron mediante volúmenes de vivienda que formaban cadenas de patios, plazas y calles, que recorrían sin interrupción todo el terreno. El sistema circulatorio peatonal continuo satisfacía la costumbre de pasear por el barrio en momentos de ocio.

Entre otras realizaciones del estudio, figuran las viviendas agrupadas en el country club
SHA (Sociedad Hebraica Argentina), en Pilar, Buenos Aires. El proyecto, que data de 1979, se realizó con la intención de crear un entorno espontáneo a la medida del hombre, evitando una imagen con reminiscencias urbanas, dado el carácter de casas de fin de semana. Una de las últimas obras de Goldemberg fueron las 250 viviendas en la ciudad de Cañuelas.

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