3 de diciembre 2003 - 00:00
El Vaticano quiere tomar partido en un film
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Jim Caviezel
«La pasión de Cristo» iba a ser proyectada en la Universidad Urbaniana de Roma, con la concurrencia de un puñado selecto de teólogos y sacerdotes. Gibson, mucho más papista y militante que el Papa, parece haber convertido la escena de la Pasión en una condena explícita y furibunda al deicidio hace 2003 años. El director australiano negó el pecado del antisemitismo, pero la comunidad judía nacional e internacional se ha movilizado en todas las direcciones contra la película.
«Rechazo cualquier acusación y niego que mi obra haya puesto en evidencia la responsabilidad del pueblo judío en la muerte de Cristo. Siempre he luchado contra las discriminaciones, de modo que no pienso convertirme en una víctima de ellas», precisó Gibson.
El policía de «Arma mortal» es un católico ejemplar, tiene siete hijos a cuenta de la condena de los métódos anticonceptivos, y trabaja siempre con el Evangelio en el bolsillo. La protección del Vaticano a Gibson ya ha podido constatarse extra-oficialmente mientras se rodaba la película en Cinecittà y Matera. De hecho, el cardenal Castrillón Hoyos, peso pesado de la Curia, tuvo la oportunidad de contemplar unos metros del film.
«De acuerdo con cuanto he visto, considero que el trabajo de Gibson es una obra poética, inspirada, íntimamente ligada a la figura de Jesucristo con la mirada de un católico sincero. Mi impresión es que el film es religioso en la acepción más alta de la palabra», sentenció el cardenal colombiano.
La película en cuestión ha reunido un reparto bastante insólito. Monica Bellucci, símbolo sexual por excelencia, encarna el papel de Maria Magdalena, mientras que Jim Caviezel («El conde de Montecristo»), alcanzado por un rayo durante el rodaje, tuvo la misión de convertirse en el Jesucristo de la polémica.
La Liga Antidifamación norteamericana considera que Gibson quiere levantar una nueva oleada de antisemitismo. «Nos consta que este personaje se ha alimentado de todos los tópicos y estereotipos para convertir a Cristo en una víctima del pueblo judío», denunciaba Eugene Korn haciéndose eco de la iracundia de muchísimos rabinos.
Gibson considera que tiene delante una misión y que ha recibido una especie de inspiración divina. Hasta el extremo de que el rodaje del film se produjo mientras el propio director australiano levantaba una Iglesia en Los Angeles para recuperar el rito latino y reunir armoniosamente a los fieles tan militantes como él. Se llamará, naturalmente, La Sagrada Familia.



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