3 de diciembre 2003 - 00:00

El Vaticano quiere tomar partido en un film

Jim Caviezel
Jim Caviezel
Roma - El Vaticano le pidió a Mel Gibson que enviara a Roma una copia de «La pasión de Cristo» antes de estrenarla el 25 de febrero en las salas norteamericanas. Se trata de una iniciativa bastante insólita e inusual, pero la Santa Sede quiere tener motivos de antemano para tomar posición en la polémica monumental que rodea el rodaje, la distribución y la exhibición del film.

Sin embargo, aunque le exhibición estaba prevista para ayer, Gibson le pidió un poco de paciencia al Vaticano. A través de su compañía Icon Production, el director informó a los organizadores, por correo electrónico, que aún se encontraba abocado en el trabajo sobre la versión definitiva del film. «Sólo faltan unas semanas para acabar la película», dijo Gibson en su comunicación.

El film, que recoge las 12 últimas horas de la vida de Jesucristo, ha sido objeto de críticas por algunos grupos judíos que denuncian que su historia podría fomentar el antisemitismo porque describe a las autoridades judías como las principales responsables de la muerte de Cristo. Pero grupos católicos y otras organizaciones cristianas, así como estudiantes de la Biblia, defendieron la película diciendo que se ciñe estrechamente a las narraciones de la Crucifixión recogidas en el Nuevo Testamento.

«La pasión de Cristo»
iba a ser proyectada en la Universidad Urbaniana de Roma, con la concurrencia de un puñado selecto de teólogos y sacerdotes. Gibson, mucho más papista y militante que el Papa, parece haber convertido la escena de la Pasión en una condena explícita y furibunda al deicidio hace 2003 años. El director australiano negó el pecado del antisemitismo, pero la comunidad judía nacional e internacional se ha movilizado en todas las direcciones contra la película.

Tanto, que Gibson no conseguía encontrar un distribuidor aliado pese a haberse gastado 25 millones de euros en la producción. Sólo la compañía Newmarket, especializada en films de autor, decidió avenirse a echarle una mano el pasado 9 de noviembre. La película va a estrenarse el 25 de febrero al compás de un ambiente incendiario, y no sólo porque las principales organizaciones judías han prometido multiplicar los piquetes y las manifestaciones. También, porque la comunidad judía de Hollywood podría emprender represalias si la película constituye, como se teme, una apología del antisemitismo.
«Rechazo cualquier acusación y niego que mi obra haya puesto en evidencia la responsabilidad del pueblo judío en la muerte de Cristo. Siempre he luchado contra las discriminaciones, de modo que no pienso convertirme en una víctima de ellas», precisó Gibson.

El Vaticano no podía permanecer ajeno a este conflicto teológico y cristológico. Especialmente porque la película de Gibson ha sido íntegramente rodada en arameo y en latín, y porque reconstruye las últimas 12 horas de la vida de Cristo. Así se explica que monseñor Folley, experto cinematográfico de la Santa Sede, haya movido los cables necesarios para que llegue una copia del film hasta los dominios de Juan Pablo II.

•Militante

El policía de «Arma mortal» es un católico ejemplar, tiene siete hijos a cuenta de la condena de los métódos anticonceptivos, y trabaja siempre con el Evangelio en el bolsillo. La protección del Vaticano a Gibson ya ha podido constatarse extra-oficialmente mientras se rodaba la película en Cinecittà y Matera. De hecho, el cardenal Castrillón Hoyos, peso pesado de la Curia, tuvo la oportunidad de contemplar unos metros del film.

«De acuerdo con cuanto he visto, considero que el trabajo de Gibson es una obra poética, inspirada, íntimamente ligada a la figura de Jesucristo con la mirada de un católico sincero. Mi impresión es que el film es religioso en la acepción más alta de la palabra»
, sentenció el cardenal colombiano.

La película en cuestión ha reunido un reparto bastante insólito.
Monica Bellucci, símbolo sexual por excelencia, encarna el papel de Maria Magdalena, mientras que Jim Caviezel («El conde de Montecristo»), alcanzado por un rayo durante el rodaje, tuvo la misión de convertirse en el Jesucristo de la polémica.

La Liga Antidifamación norteamericana considera que
Gibson quiere levantar una nueva oleada de antisemitismo. «Nos consta que este personaje se ha alimentado de todos los tópicos y estereotipos para convertir a Cristo en una víctima del pueblo judío», denunciaba Eugene Korn haciéndose eco de la iracundia de muchísimos rabinos.

Gibson
considera que tiene delante una misión y que ha recibido una especie de inspiración divina. Hasta el extremo de que el rodaje del film se produjo mientras el propio director australiano levantaba una Iglesia en Los Angeles para recuperar el rito latino y reunir armoniosamente a los fieles tan militantes como él. Se llamará, naturalmente, La Sagrada Familia.

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