Eleonora Cassano: "Creo que se margina al ballet"

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Eleonora Cassano está interpretando por estos días el papel principal de «Carmen», ballet del cubano Alberto Alonso sobre partituras de Bizet-Schedrin junto al Ballet Estable del Teatro Colón que dirige otra cubana, Marta García.

Cassano intentó -con éxito- el género del music-hall y en esta oportunidad retorna al baile clásico personificando a la gitana de Sevilla. Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cómo ve el personaje de Carmen?

Eleonora Cassano: Bailé varias veces el papel, pero con otras coreografías. Ahora hago la original de Alberto Alonso, que montó su esposa Sonia Galero y que me ha dado pautas que me incentivaron para descubrir cosas nuevas. Lo que siente Carmen como mujer; la piel del personaje ya la tenía, pero ahora lo pude enriquecer.

P.: ¿Con quién baila?

E.C.:
Con Alejandro Parente como Don José y Vagram Ambartsoumián como Escamillo. Con Parente habíamos bailado el año anterior una obra de Balanchine, «Sinfonía en Do» y con él me encuentro muy bien acompañada porque es muy apasionado.

P.: ¿Cómo ve el papel desde el punto de vista dramático?

E.C.: Comprendí a través de las explicaciones de Sonia Calero que Carmen no es una prostituta, como se podría pensar por las apariencias, sino una gitana libre, que ama disfrutar de la vida con una personalidad avasallante. Hace lo que siente. Don José es un amor por un día y al otro día Carmen necesita sensaciones nuevas. Con Escamillo, «el tercero» hay sólo un juego de provocación, con él compite para ocupar el primer lugar en la atención de la gente.

P.: ¿Le sirvió el paso por el «music-hall» para encarar este tipo de personajes?

E.C.: Me sirvió la descontracturación, me ayudó a perder la rigidez de la danza clásica. Cuando volví a ella me sentía distinta, me di cuenta de que bailaba de otra forma. También la maternidad me transformó muy profundamente para encarar otra etapa en mi carrera.

P.: ¿Hará otra vez music-hall?

E.C.: Siempre está presenta la posibilidad, no hay nada concreto por ahora. Habíamos hablado un poco de hacer algo con Chet Walker, el coreógrafo de Fosse, y quizá surja alguna posibilidad de trabajo conjunto.

P.: ¿Volverá a bailar con Julio Bocca?

E.C.: Lo que me pasa en el escenario con Julio es muy especial. Hasta el 12 de febrero bailé con él en la costa, pero por el resto del año no está previsto y, al no hacerlo, lo extraño mucho. Con Julio hay una química muy especial.

P.: ¿Pensó qué va a hacer cuando su carrera de bailarina llegue al final?

E.C.: Sí, me dedicaré a la enseñanza. Hace muy poco que empecé a dictar cursos y me gusta realmente. Tengo un buen contacto con mis alumnos. Hay feeling.

P.: ¿Cómo ve la danza en el país?

E.C.: Los lugares dependientes del Estado siempre tienen problemas, hay unas internas terribles. Es muy grave lo que pasa con el Ballet del Colón, con tan pocas funciones anuales. La gente se desacostumbra a ver ballet y los bailarines pierden su estado físico, su calidad, las cosas que tanto les costó conseguir. No hay falta de interés del público, pero sí a veces se lo informa mal o no se lo informa de lo que ocurre en el teatro. Hay una buena compañía a la que se le paga todo el año y no pueden bailar porque no tienen fechas. El ballet interesa. Lo hemos demostrado en funciones al aire libre, en el Luna Park. La gente va.

P.: ¿Cuál es la diferencia fundamental del ámbito oficial de la danza con el privado?

E.C.: Se dijo en un momento que la temporada de Colón comenzaba el 30 de marzo y para entonces ya el ballet había bailado. Muy poca gente se enteró, entonces. Yo creo que se margina un poco al ballet.

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