17 de julio 2003 - 00:00

"EN ALGUN LUGAR DE AFRICA"

Escena del film
Escena del film
«En algún lugar de Africa» (Nirgendwo in Afrika, 2001, Alemania, habl. en alemán, inglés y dialectos). Dir.: C. Link. Guión: C. Link, sobre novela de S. Zweig. Int.: L. Kurka, J. Kohler, M. Ninidze, S. Onyulo, M. Habich.

D e título original «En ningún lugar de Africa», la novela semibiografica de la periodista Stefanie Zweig, sobre el crecimiento de una niña judía en una plantación kenyana, sirve hoy al crecimiento de la realizadora Carole Link, que así continúa las observaciones (y la lista de éxitos) iniciadas con su primera película, «Las voces del silencio».

En ella, Carole Link relataba el crecimiento de una chica muy capaz, hija de una pareja de sordomudos, gracias (y también pese) a los cuales alcanza sus sueños, que son distintos a los de sus padres, como distinto es el mundo en que ella vive. Un relato agradable, de valor universal, expuesto de manera clásica, sobre la familia, los afectos, los problemas de comunicación con los seres queridos, y los primeros amores que llevan a alguien fuera del hogar, hacia horizontes más amplios, con los entusiasmos y las crisis que ello implica. La resolución era un poquito a la americana, pero no molestaba. De hecho, a los americanos les encantó, y así la nominaron al Oscar al mejor film extranjero de 1998.

La película que ahora vemos, la tercera (entre medio Link se despejó un poco haciendo un trabajo sobre el poeta Erich Kastner), también les encantó, y le dieron un Oscar.

Quizá se lo dieron medio con vergüenza, porque, puestos a comparar, en varios aspectos esta obra es bastante superior a la hollywoodense «Africa mía», y hasta parece durar menos. Es cierto, aunque dura lo suyo «En algún lugar de Africa» mantiene casi continuamente el interés, y se sigue con gusto, un gusto que se afirma al comprobar como la narración elude amablemente casi todos los lugares comunes en que hubiera caído una superproducción americana del mismo asunto. Y cuando no los puede o no los quiere eludir, los reduce, también amablemente.

Bueno, ¿y de qué trata esta obra tan ponderada? Básicamente, de una familia judía que, escapando del nazismo, se instala en el medio del continente negro, donde, por supuesto, los padres van a sentirse como sapos de otro pozo. Les afectan la soledad, los cambios de ambiente, de lengua, de profesión, y encima, a cierta altura, los cambios de interés amoroso, y el ver cómo la hija va asumiendo todo eso de una manera distinta, acaso más abierta. Vale decir, el mismo esquema de la primera película, pero a una escala mayor y más compleja, donde entran a jugar también la perspectiva histórica, el atractivo del entorno y de la ambientación, y asuntos tan actuales y eternos como la migración, el racismo (interesante cómo se muestra que el racismo no es una exclusividad nazi), el intercambio cultural y la comunicación con los demás.

Hermosa, en éste y en otros sentidos, la relación que se entabla entre la niña y un viejo cocinero negro, relación que sirve de eje a la historia, y la hace crecer de un modo intenso. En el fondo entonces, es cierto, una película a la americana. Pero mucho mejor.

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