14 de mayo 2001 - 00:00

"En el teatro no hay que intelectualizar"

Omar Pacheco.
Omar Pacheco.
"Muchos chicos se vienen con los pelos pintados y no se pueden mover. Parecen transgresores, tienen aros hasta en la frente, pero no saben nada de la libertad." El que habla es el teatrista Omar Pacheco, creador del Grupo Teatro Libre y actual dueño de La Otra Orilla, sala que inaugurará el 17 de mayo con el estreno de la obra «Cautiverio», que integra una trilogía cuya primera pieza se presentó en 1993.

Maestro de teatro y director dueño de un estilo que «no se parece a ningún otro», Pacheco muestra una actitud crítica hacia el teatro que se hace en el país y busca marcar una diferencia radical desde la formación actoral y la propuesta narrativa. Ha realizado giras internacionales presentando su propuesta y brinda seminarios por el país. «Cuando viajo por el interior me doy cuenta de que no hay riesgo, no hay formación, no hay un trabajo serio con lo técnico. Siguen como con Stanislavsky, allá por 1890, creo que si él reviviera diría: «¿Qué es esto? Córtenla con mi método».

Periodista: ¿Y cómo es el método con el que usted trabaja?

Omar Pacheco: El grupo mantiene un acuerdo filosófico. El nexo está en la conducta que se tiene en el espacio, cómo se paran, el metalenguaje que construyen. Uno va armando esta obra, que no es una historia lineal con una estética que es propia de nosotros. Es una propuesta de ruptura con el teatro tradicional, con una metodología distinta, donde hubo que formar a la gente en lo técnico. El grupo está formado por quince personas, de los cuales hay cinco históricos y el más nuevo está hace siete años.

P.: Por lo que dice, su grupo no es para cualquier actor...

O.P.: El que viene creyendo que de un día para el otro sabrá pararse o ambiciona hacer «Chiquititas» o cosas por el estilo rápidamente huye. Muchos chicos se vienen con los pelos pintados y no se pueden mover, no saben nada de la libertad. Creo que la libertad real difiere mucho de la aparente.

P.: ¿Qué elementos caracterizan a un buen actor?

O.P.: Debe tener una profunda preparación, tanto su cuerpo y su voz, que son los componentes objetivos, como el estado interno y la transferencia, que son los componentes subjetivos. Para eso hay que trabajar todos los días, y el tiempo hace que el actor no sea mero reproductor de lo que quiere el director, sino creador.

P.: ¿En qué consiste la trilogía que culmina con la obra «Cautiverio»?

O.P.: Primero fue «Memoria», que es lo íntimo de un torturador, de construcción más barroca, más lenta; después estuvimos haciendo cinco años «Cinco puertas», que anduvo espectacular de público y crítica, y habla del horror, pero no sólo vinculado a lo local, sino llevado al gueto de Varsovia. Ahora culmina con «Cautiverio», donde nos fuimos hasta la Inquisición e hicimos un rango mucho más largo de lo que significó la muerte en masa o la sensación de intolerancia con el diferente. Es una obra de 58 minutos, más no sería tolerable.

Distracción

P.: Transmite bastante preocupación por hacer un teatro distinto...

O.P.: Me preocupa esta cuestión donde el teatro me aburre y siento que a la gente le aburre. Hay que evitar la intelectualización y lograr que el público se relaje y se deje llevar por la obra. «Cautiverio» siempre cuenta algo, pero no lo hace literalmente, no pierde tiempo. Busco que al público le pase algo importante y uno se da cuenta de que eso ocurre porque no te abren un caramelo, se van en silencio. El espectador llega y se tiene que perder en el tiempo, no puede pensar en el bife de chorizo que se va a comer.

P.: ¿Y se aburre mucho con lo que hay ahora para ver?

O.P.: Ultimamente me aburro mucho y me doy cuenta cuando me pongo a pensar en otra cosa o cuando es previsible. O es un teatro muerto y decadente que se apoya solamente en la dependencia del autor y del director, donde los actores se convierten en peones. Uno se da cuenta cuando lo que hacen es pura marcación, puras pautas que el actor no transforma ni resignifica. Ver una mesa y cuatro personas sentadas hablando en el teatro me provoca tal situación de espanto que quiero huir. Veo venir que me voy a aburrir como loco.

P.: ¿Qué opina del auge de los musicales?

O.P.:
A mí me ofrecieron hacer un musical muy seductor, con mucha plata y que no lo voy a hacer. No veo musicales porque la distracción no es mi preocupación, yo busco por otro lado. Yo compré el teatro sin transar con nadie, con mi convicción y mi forma de vida. Sé que si soy coherente con lo que digo, puedo ser creíble, pero si vivo de una manera y hablo de otra, ahí no te cree nadie. Yo podría hacer un teatro más pasatista y ganaría muchísimo más dinero.

P.: ¿Recibe una subvención del Instituto de Teatro?

O.P.: Sí, y estamos autogestionados además con este teatro que compramos. Con lo que fuimos juntando de viajar por Italia, y de nuestra proyección internacional, juntamos el dinero para adquirirlo. Además, surgió hace poco un trabajo para Japón y tal vez viajemos a España en octubre.

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