14 de mayo 2001 - 00:00
"En el teatro no hay que intelectualizar"
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La intimidad como territorio de descubrimiento
Omar Pacheco.
P.: ¿Qué elementos caracterizan a un buen actor?
O.P.: Debe tener una profunda preparación, tanto su cuerpo y su voz, que son los componentes objetivos, como el estado interno y la transferencia, que son los componentes subjetivos. Para eso hay que trabajar todos los días, y el tiempo hace que el actor no sea mero reproductor de lo que quiere el director, sino creador.
P.: ¿En qué consiste la trilogía que culmina con la obra «Cautiverio»?
O.P.: Primero fue «Memoria», que es lo íntimo de un torturador, de construcción más barroca, más lenta; después estuvimos haciendo cinco años «Cinco puertas», que anduvo espectacular de público y crítica, y habla del horror, pero no sólo vinculado a lo local, sino llevado al gueto de Varsovia. Ahora culmina con «Cautiverio», donde nos fuimos hasta la Inquisición e hicimos un rango mucho más largo de lo que significó la muerte en masa o la sensación de intolerancia con el diferente. Es una obra de 58 minutos, más no sería tolerable.
Distracción
P.: Transmite bastante preocupación por hacer un teatro distinto...
O.P.: Me preocupa esta cuestión donde el teatro me aburre y siento que a la gente le aburre. Hay que evitar la intelectualización y lograr que el público se relaje y se deje llevar por la obra. «Cautiverio» siempre cuenta algo, pero no lo hace literalmente, no pierde tiempo. Busco que al público le pase algo importante y uno se da cuenta de que eso ocurre porque no te abren un caramelo, se van en silencio. El espectador llega y se tiene que perder en el tiempo, no puede pensar en el bife de chorizo que se va a comer.
P.: ¿Y se aburre mucho con lo que hay ahora para ver?
O.P.: Ultimamente me aburro mucho y me doy cuenta cuando me pongo a pensar en otra cosa o cuando es previsible. O es un teatro muerto y decadente que se apoya solamente en la dependencia del autor y del director, donde los actores se convierten en peones. Uno se da cuenta cuando lo que hacen es pura marcación, puras pautas que el actor no transforma ni resignifica. Ver una mesa y cuatro personas sentadas hablando en el teatro me provoca tal situación de espanto que quiero huir. Veo venir que me voy a aburrir como loco.
P.: ¿Qué opina del auge de los musicales?
O.P.: A mí me ofrecieron hacer un musical muy seductor, con mucha plata y que no lo voy a hacer. No veo musicales porque la distracción no es mi preocupación, yo busco por otro lado. Yo compré el teatro sin transar con nadie, con mi convicción y mi forma de vida. Sé que si soy coherente con lo que digo, puedo ser creíble, pero si vivo de una manera y hablo de otra, ahí no te cree nadie. Yo podría hacer un teatro más pasatista y ganaría muchísimo más dinero.
P.: ¿Recibe una subvención del Instituto de Teatro?
O.P.: Sí, y estamos autogestionados además con este teatro que compramos. Con lo que fuimos juntando de viajar por Italia, y de nuestra proyección internacional, juntamos el dinero para adquirirlo. Además, surgió hace poco un trabajo para Japón y tal vez viajemos a España en octubre.




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