14 de enero 2005 - 00:00

"En la ciudad"

El film del español Cesc Gay, «En la ciudad», sobre confusiones sentimentales de varios treintañeros, primero parece aburrido, pero luego engancha decididamente al espectador.
El film del español Cesc Gay, «En la ciudad», sobre confusiones sentimentales de varios treintañeros, primero parece aburrido, pero luego engancha decididamente al espectador.
U n profesor de 36 años, soltero, disfruta culposamente el dinámico asedio de una alumna de 16, para colmo sobrina de un amigo suyo. Un amargo sufre los discretos cuernos que le pone su esposa actriz -y extranjera, aunque nadie lo mencione-, tarda en entender que ella lo adora a él y a nadie más, y ni siquiera sabe aprovechar alguna ocasión que le ofrece la vida (nada menos que Leonor Watling, encima reiterando la oferta para cuando él se sienta mejor). Una gordita está muerta por un lindo pero volátil francés que visita su librería, y no sabe qué hacer con el plomo local que anda atrás de ella. Una mujer mira a su hermana masajear al marido, mientras se siente perdida por otra mujer, al punto de querer largar casa, hija, y marido, que además de buen tipo sabe cocinar.

Tales son, en relativa síntesis, las desazones y confusiones sentimentales que pinta esta película sobre algunas personas treintañeras de clase media -casi todas parientas o amigas entre sí, o al menos conocidas-, que transitan por casas y restaurantes de la gran ciudad, sin más problema que el aburrimiento conyugal, ni más hobby que buscarle la quinta pata al gato. También la película, parece inicialmente aburrida, se lo pasan hablando, y lo único más o menos divertido es la gordita. Es decir, la historia tarda en empezar y enganchar decididamente al espectador, pero por suerte después levanta, y el final, donde están casi todos, todo cierra, y al mismo tiempo todo queda abierto, es bueno. No digamos que maravilloso, pero bueno.

Dicha historia transcurre a lo largo de algunos meses, de modo que (mediante fundidos en negro) vemos pasar algunas estaciones, hasta llegar a un mediodía soleado de invierno. No veremos la primavera. Será cuestión de cada espectador/a pensar cómo sigue la cosa, según con qué personaje se haya identificado, o qué recuerdos de su propia vida le traiga el relato. No está mal. Dicho sea de paso, ésta es la primera película donde Cesc Gay desarrolla varios personajes simultáneos. Se comprende entonces que algunos aparezcan pintados (por ejemplo, la hija de la lesbiana), o queden desparejos. También es comprensible que el conjunto luzca el tono y el tipo de ciertos relatos corales de Woody Allen, todo refinado y con jazz americano de fondo, solo que en Barcelona, y sin buscar la gracia, aunque a veces la encuentra.

Un detalle, la dirección de arte a cargo del argentino Daniel Gimelberg, con quien Gay codirigió su opera prima, una interesante selección de cuentos llamada «Hotel Room».


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