"En literatura no hay vicio peor que el pintoresquismo"

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"Utilicé la estructura del folletín para investigar la mendaz versión épica de la historia" dice el escritor español Juan Manuel de Prada para explicar la fórmula que utilizó para escribir la novela «El séptimo velo» con la que conquistó el prestigioso premio Seix Barral, dotado con 30 mil euros, y que lo está llevando en gira por toda América Latina. Dialogamos con el autor de «Las máscaras del héroe» en su breve estadía en Buenos Aires.

Periodista: Una vez más una novela premiada lo trae de visita a la Argentina...

Juan Manuel de Prada: Los autores de esos entretenimientos llamados best sellers se pueden dar el lujo de viajar por el Mediterráneo en sus yates, los escritores tenemos los premios literarios para que nos lleven de gira. Podría decir que busqué ganarme el Premio Biblioteca Breve para poder venir a Buenos Aires, una ciudad que me gusta mucho, desde mucho antes de que se pusiera de moda en el mundo, y donde tengo grandes amigos.

P.: ¿Es por eso que una parte de su novela transcurre aquí?

J.M. de P.: En «El séptimo velo» hay un personaje argentino, Carlos Fuldner, que es un personaje histórico, un empleado de Inmigraciones de Perón que se encargó de las operaciones de rescate de nazis a través de España. Y el epílogo de la novela transcurre en Buenos Aires y su desenlace en La Cumbrecita, en Córdoba. Es la primera novela mía en la que sale la Argentina.

P.: ¿Conoce La Cumbrecita?

J.M. de P.: Hace dos años vine especialmente a documentarme. Tratándose de un novela de época, eso me permitió hablar sobre, por ejemplo, los piringundines de la calle 25 de Mayo. El problema, cuando se escribe sobre un país que no es el de uno, es que el narrador tiene que cerciorarse de que no escribe estupideces: no hay vicio más grotesco en literatura que el pintoresquismo. Merimée y Bizet en «Carmen» dan un imagen de España grotesca y disparatada. La imagen por fabulesca se vuelve mítica y después el país tiene que cargar toda su vida con esos tópicos.

P.: En su novela «Las máscaras del héroe» ya tenía un personaje argentino e histórico, Jorge Luis Borges.

J.M. de P.: Acaso haya sido el homenaje de lector compulsivo de Borges. No conozco ningún lector reincidente de Borges que no lo sea. Últimamente me deleité con el copioso diario de Bioy Casares sobre Borges, donde sorprendemos in fraganti al autor de «El Aleph» profiriendo solemnes tonterías entreveradas con chispazos de genialidad en una tan heteróclita mezcolanza que no hace más que confirmarnos su humanísima grandeza. Mas allá de Borges, siempre he sentido una atracción especial por este país. Y en los últimos diez años he viajado muchas veces tanto en viajes profesionales como de placer. Y siempre me fascinó el tema de los nazis que se escondieron en América, que es uno de los elementos de mi última novela.

P.: ¿Qué es «El séptimo velo»?

J.M. de P.: El que cubre la desnudez. Y el título de aquella película de Compton Bennett con James Mason y Ann Todd. Hubo varias que bebieron en la metáfora de Salomé sobre la búsqueda para alcanzar la verdad. En mi novela se dice que la mente humana se esconde detrás de siete velos. Ante las personas que queremos podemos apartar muchos, pero siempre hay un séptimo velo que mantiene escondido un secreto.

P.: ¿Cómo trata eso en su novela?

J.M. de P.: El protagonista es un miembro de la resistencia francesa, conocido como Houdini por su habilidad para sortear peligros, que después de la Liberación de París aparece con un tiro en la cabeza que le ha provocado amnesia. Y toda la novela es su esfuerzo por reconstruir el pasado, esos años de los que nada recuerda. A través de ese personaje realizo una indagación en la memoria, en el secreto de lo que somos.

P.: Los personajes que buscan salir de la amnesia abundan en el viejo cine de Hollywood.

J.M. de P.: Lo trata Hitchcock en «Cuentame tu vida», con Gregory Peck e Ingrid Bergman. Los más cinéfilos, recordarán «En la noche del pasado» de Mervyn Le-Roy, con Ronald Colman y Greer Garson. En esa época se hacían películas sobre la amnesia, porque muchos heridos de guerra quedaban amnésicos, volvían a sus casas y no recordaban el pasado. Pero, yo busqué tratar también de la memoria histórica y sus amnesias.

P.: Su personaje lo lleva por Francia y España, además de la Argentina.

J.M. de P.: Un trabajo de documentación muy duro. El grueso de la historia ocurre en París durante la Segunda Guerra Mundial, que es una época presuntamente muy conocida pero sobre la que hay gran mistificación. Tenemos la idea de la Francia resistente a la ocupación, y lo cierto es que las cosas no fueron así, es un emblema de falsedades con las que nos alimentaron.

P.: ¿Por ejemplo?

J.M. de P.:
La Segunda Guerra no fue sólo una guerra entre la democracia y el fascismo, tambien fue entre el fascismo y el comunismo. Y hay mucho para rever, para enriquecer mostrando matices que había ocultado la versión épica de la historia. En la extraordinaria película alemana «La vida de los otros» se habla abiertamente del comunismo. Una de las consecuencias de la Segunda Guerra fue que la mitad de Europa fue entregada al comunismo. Ha habido una visión bidimensional y la literatura puede ofrecer una perspectiva más rica de los acontecimientos.

P.: ¿Cómo muestra en su novela la Francia de la ocupación?

J.M. de P.: Como lo que fue, como un país colaboracionista, que se rindió aparatosa e incondicionalmente. y tenía un ejército superior al alemán. Luego se logró hacer pasar esa rendición como un acto de rebeldía.

P.: ¿Cómo lo explica en su novela?

J.M. de P.: Con el estilo de las viejas novelas bizantinas, con abundancia de intriga y aventuras, donde lo que importa es la peripecia humana, donde hay amor y traición, encuentros y s desencuentros, hijos que buscan a sus padres. Es el folletín reciclado y puesto al día para hablar de cosas de las que no se suele hablar. Al comienzo me planteé escribir un relato épico, pero a medida que fui conociendo la realidad de la Francia ocupada se fue convirtiendo en una novela que cuestiona la épica y la ética. El protagonista descubre poco a poco su identidad: fue un héroe, fue capaz de lo mejor y de lo peor, de arriesgar su vida y de asesinar, y no escapa a su culpa, ansía algo así como una redención, pero para ello debe reconciliarse con su pasado, aceptar lo que fue, acaso ése sea su mayor acto de valentía.

Entrevista de Máximo Soto

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