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Entre ellos, las carencias que padecen los museos, cuyos empleados iniciaron una huelga por razones salariales, o las dificultades que atraviesan sus asociaciones de amigos, que apelan al espíritu filantrópico de los artistas para reunir fondos.
Gestada con la urgencia de los días que corren, la actual y mediática movilización a favor del arte de la Secretaría de Cultura deja a la vista sus contradicciones porque, como dicen los directivos y empleados de los museos, que esta vez coinciden en los reclamos, «nadie valora a los museos, que dependen de la buena voluntad de las asociaciones».
Los empleados de los museos exigen ahora que se equiparen sus sueldos con los que perciben los del Centro Cultural Recoleta, que disfruta del mejor status con un presupuesto que asciende a 3,8 millones. A esto se suma que en los museos hay un patrimonio que muchas veces se deteriora, por el que se deben velar, mientras que las autoridades respectivas aseguran que nunca llega el dinero para restauraciones o preservación.
Es típico de los tiempos electorales inaugurar nuevos espacios, pero así se acentúan las contradicciones, porque el Centro de Museos de la Costanera Sur apenas si está abierto de martes a viernes de 14 a 18 horas, y el Fernández Blanco de 14 a 19. Cuatro horas en actividad para un museo es una rareza en el mundo. En comparación, los miércoles, día gratuito del privado MALBA, el horario se extiende desde las 11 hasta las 21.
Los museos de la Ciudad cobran 1 peso el bono contribución que antes recaudaban las asociaciones de amigos y ahora se destina a las arcas del Gobierno. En el Sívori, la Asociación Amigos organizó un remate de obras de arte para este mes y piden a los artistas que donen el 50% del valor de la venta. Con ese dinero enfrentan gastos que van desde la compra de papel y la limpieza hasta el arreglo de goteras, porque según explican sus miembros: «Si no existieran las asociaciones, los museos de la Ciudad tendrían que cerrar sus puertas».
En este contexto, a muchos les fastidian las diferencias, porque en los actos de última hora no falta el dinero.
Algunos artistas que participaron en la muestra de Harrods y el Recoleta cuentan que recibieron anticipos para realizar sus obras, o que les pagaron 500 pesos a los numerosos curadores convocados. Estos desembolsos serían bienvenidos sino fuera porque hace unos meses, cuando el Museo de Arte Moderno formó su colección « Ultimas Tendencias», les pidieron a los artistas que donaran sus mejores trabajos y no les pagaron ni el flete.
Se debe tener en cuenta que además de posibilitar la producción de otras obras, el pago tiene un efecto demostrativo, ya que el museo es la institución legitimadora por excelencia de la calidad y
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