En 1979, Ridley Scott fue reconocido internacionalmente gracias a «Alien, el octavo pasajero», fama que cimentaría con «Blade Runner». Luego, Scott hizo una carrera lo bastante ecléctica como para encasillarlo en un género determinado, pero aún así, «Un buen año» parece de otro director. La historia presenta a Max Skinner, un «predador» de la Bolsa londinense que hereda el viñedo de su singular tío, en la Provenza. Obviamente, decide vender el lugar de inmediato, pero una serie de enredos lo llevarán, poco a poco, a recuperar la felicidad de su infancia en la campiña. También encontrará muchas otras cosas, una más predecible que la anterior. El film queda a medio camino entre la comedia y lo romántico, sin definirse y, sobre todo, sin causar gracia, con un resultado apenas regular que está muy lejos del mejor Scott.
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