20 de diciembre 2006 - 00:00
"Era imperdonable olvidar la vida de este dandy"
-
El INCAA lanzó un concurso de microficción con premios de hasta u$s30.000 por proyecto
-
La actriz argentina que está cerca de interpretar a un personaje en la nueva película de Superman
Carlos M. Domínguez: «De las Carreras fue anarquista, aristócrata
y libertino. Una historia increíble que no debía perderse
».
C.M.D.: Era una nena rara; le gustaba ir de caza con el padre, era muy rebelde e independiente. Y algo más debía tener para que el abogado José María de Zubiría comenzara a cortejarla cuando ella tenía 10 años.
P.: ¿Cómo ocurre eso sin que sea un escándalo social?
C.M.D.: A Montevideo llega exiliado Facundo Zubiría, que había presidido la Constituyente de 1852, con el hijo, José María, que era un abogado de treintipico de años. Rosalía, la madre de Clarita, ve a José María como un hombre lleno de virtudes y se compromete a que cuando la nena crezca será su esposa. Consuman la boda cuando Clara tiene 14 años y José María 36. El verdadero drama comienza cuando la suegra acusa al yerno de andar diciendo por ahí que ella anda llorando porque estaba enamorada de él. Hubo cruces de acusaciones, y eso hizo que se escribieran folletines sobre el tema.
P.: ¿Cómo Clarita se vuelve una escandalosa libertina?
C.M.D.: Un día encuentra a su marido con una sirvienta semidesnuda sobre las rodillas y le pide el divorcio. Él se niega, pero se suceden los escándalos y la curia otorga el divorcio. Ahí Clarita empieza a ejercer su sexualidad de un modo absolutamente escandaloso para la época. Lleva a sus amantes a todos lados. A cada rato queda embarazada y, a veces, aborta, otras entrega la criatura a la Casa Cuna y otras la deja con ella, por caso Roberto de las Carreras. Ernesto de las Carreras, uno de los que hizo Obras Sanitarias, estuvo en la boda de Clarita, besó la mano de la novia, y años después le hizo un hijo, que reconoció, el dandy Roberto de las Carreras. En el se mezclan dos estirpes de sangre regia, la De las Carreras y la de los García de Zúñiga.
P.: ¿A Clara le perdonan sus escándalos sexuales?
C.M.D.: Clara, que tiene una enorme fortuna que no valora, empieza a llevar una vida dispendiosa. Un día que se pelea con un amante lanzó a la calle bolsas de libras esterlinas desde el balcón de un hotel de Montevideo. La familia le hace juicio para declararla loca. La despojan de la fortuna y declarándola incapaz. El juicio es desopilante. Clara refuta a los jueces, le dice «coger es lo más lindo del mundo, yo lo haría con usted, con usted y con usted, y cuando no consigo con quien, pago, igual que ustedes». Todo eso, en 1895.
P.: Con la historia de Clara podría haber escrito un libro, ¿por qué eligió seguir al hijo, al «bastardo»?
C.M.D.: Ensamblé las dos historias, acaso porque las dos concluyen en la locura. Roberto se reivindica como bastardo por ser «fruto de una noche apasionada y no haber sido engendrado entre bostezos como la mayoría de los uruguayos». Hasta ahí es un dandy anarquista de desenfrenados amoríos.
P.: Y, además, un poeta y novelista.
C.M.D. Escribió la primera novela erótica del Río de la Plata, «Amor libre», que está basada en un acontecimiento que le tocó penosamente vivir. Roberto profesaba el derecho de la mujeres a ejercer libremente su sexualidad. Al regreso de uno de sus viajes a Europa, adopta como discípula a Berta, una prima de 16 años, que era huérfana. La educa en todos los órdenes, de los literarios a los amatorios. Cuando Berta queda embarazada, para que no la envíen al Buen Pastor, donde iban a parar las prostitutas, Roberto -que estaba en contra del matrimonio- se casa con ella. En una carta a su amigo Julio Herrera y Reissig le explica que el «que jugaba al fútbol con la moral de los uruguayos» iba a tener que casarse. Y Julio le sale de testigo del casamiento. Todo va bien, pero un día que Roberto vuelve de Buenos Aires se encuentra Berta en la cama con un tipo. El asunto se difunde y todo Montevideo se burla de él. Entonces, nuevamente, como había hecho con su bastardidad, en vez de ocultar su vergüenza, sale a reivindicar lo ocurrido. Y publica por entregas en una revista anarquista de Florencio Sánchez «Amor libre. Interviú boluptuosa con Roberto de las Carreras», que luego se convertirá en libro. De las Carreras fue un escritor marginal pero que estuvo en el centro de los conflictos de la moral rioplatense del 900. Era una sociedad donde la mujeres eran asesinadas por expresar su independencia: a Clara la declararon loca, a la Rodríguez de Larreta el marido la mata a tiros en un hotel, a Delmira Agustini que se había separado de Enrique Job Reyes, este la mata de dos disparos cuando se entera de sus amores con Manuel Ugarte. Y Roberto peleaba contra esa moral victoriana, ese machismo, con sus amigos Horacio Quiroga, Florencio Sánchez, Natalio Botana, Julio Herrera y Reissig.
P.: ¿Cómo Roberto de las Carreras se vuelve loco?
C.M.D.: De algún modo encarnó esa bohemia intelectual que surgió en los cafetines y los periódicos a comienzos del siglo XX y que hacia una extraña mezcla de romanticismo, positivismo, modernismo y anarquismo. La aventura vital de Roberto de las Carreras lo terminó llevando a la locura, y vivió más años loco que cuerdo. Hacia 1905, a los 38 años, comienza a enloquecer. Luego de haberle pedido al presidente Batlle la embajada en París, termina como cónsul en un pueblito del sur de Brasil. Aislado, solo, comienza a tener alucinaciones auditivas, y con ellas siguió viviendo hasta 1963.
Entrevista de Máximo Soto




Dejá tu comentario