24 de diciembre 2003 - 00:00

Erlich: "El humor es el triunfo de lo inesperado"

Norman Erlich
Norman Erlich
A unque generalmente se lo asocia con el humor judío, Norman Erlich es un actor de amplio registro, que en sus 50 años de trayectoria incursionó en el drama y la comedia musical sin dejar de lado sus incisivos monólogos que abordan los más variados temas.
En
«HumorErlich II» el nuevo show que ofrecerá del 3 de enero y al 28 de febrero en Mar del Plata, en el Teatro de la Bancaria, el humorista (y autor del libro «Cómo sobrevivir a una mujer judía») hablará del país, de su historia familiar y hasta de sus diversas experiencias matrimoniales.

Periodista
: ¿Por qué se lo sigue asociando únicamente al humor judío?

Norman Erlich: Debe ser porque soy el único en el mundo de habla hispana que sigue haciendo humor judío en español. No soy el mejor, soy el único. Lo profundizo, lo estudio y saco la parte superficial que es a la que se pegan todos los que no conocen su valiosa filosofía. Yo voy a lo profundo del pensamiento judío como va Woody Allen, Mel Brooks, Billy Crystal, Philip Roth y tantos otros. Pero en la actualidad hago humor de todo tipo, el espectáculo que llevo a Mar del Plata sólo tiene 30% de chistes judíos.


P.:
¿Sus monólogos tienen mucho de autobiográfico?

N.E.: Siempre parto de mi vida, de avatares personales y a todo eso le cuelgo ramas que son ficticias pero que están relacionadas con el tema. En una hora y media de espectáculo desarrollo personajes, incorporo aforismos... En general, me inclino por la anécdota medianamente sintética, donde puedo exponer en poco tiempo toda una historia con un remate gracioso e inesperado, porque el humor es el triunfo de lo inesperado. Yo siempre viajé mucho, creo que la esencia de mi vida de monologuista está en los viajes. Y todavía sigo viajando por el interior del país y por América latina. En febrero estuve actuando en Miami.

P.: ¿De qué cosas se ríe en este nuevo espectáculo?

N.E.: En primer lugar de mí mismo, ahí está la base de todo, y después de los accidentes que tuve. Me río de mis matrimonios, de mis ex mujeres, de mi suegra, de mi entorno, de la sociedad que me rodea... y de las colectividades en general. Creo que soy uno de los pocos que se ocupa de hacer humor de gallegos, ingleses, alemanes, etcétera. Eso sí, sin ninguna agresión gratuita, no porque me haga el culturoso, sino porque para mí la agresión no funciona. Otros humoristas, en cambio, eligen el camino de la puteada y la grosería. Pero este espectáculo es bastante zafado porque está dirigido a gente que viene a divertirse con la mente muy abierta. Mi promedio de público está entre los 30 y 70 años. Los chicos más jóvenes no vienen, supongo que estarán con «Videomatch» o con otro tipo de humor.


P.:
Si no le gustan las groserías ¿por qué aceptó participar de un programa como «Café fashion»?

N.E.: Interesante cuestión. Debo aclarar que en ese programa yo siempre mantuve mi línea de humor. Jamás me dieron pautas sobre lo que tenía que decir. Cella, el productor, me dio vía libre y yo defendí ese espacio que me brindaba sólo con los chistes que a mí me interesaban. Es cierto que había un permiso para contar chistes verdes en el último tramo del programa, pero en ese contexto nada sonaba tan terrible como muchas otras cosas que se escuchan por televisión, en cualquier horario del día, y que a mí me hacen poner colorado. Y eso que no soy ningún pacato.


P.:
¿Habla de sexo en sus espectáculos?

N.E.: Sí, toneladas. Los temas de pareja aparecen todo el tiempo y como se trata de un café-concert yo me permito otras libertades y códigos más fuertes.


P.:
¿Habla con el público durante sus monólogos?

N.E.: En absoluto, jamás. Y si alguien trata de meterse conmigo lo distraigo y saco de contexto. Para mí los papeles son muy claros: el público está en la platea para escucharme y reirse, y yo estoy en el escenario para actuar y hacerlos reír. Jamás mezclo la hacienda. El público a veces agrede. La oscuridad de la platea conspira para que el tipo escondido en la mesa se ponga agresivo o quiera meter alguna frase. De todas formas yo capitalizo esas intervenciones y respondo inmediatamente, pero no permito que se extiendan.


P.:
¿Esto le sucede a menudo?

N.E.: Muchas veces. Siempre están los graciosos que no soportan que uno suba al escenario, sobre todo en fiestas o convenciones privadas. Cuando actúo en esos espacios suele ocurrir que aparezca un tipo que vino alegrando la noche y que de repente se encuentra con un profesional que llega a hacer su show. Eso al tipo lo mata, lo destruye, le hace daño. Entonces trata de crear como una situación de igualdad conmigo. Lo que es ridículo porque yo voy a hacer mi trabajo, no intento competir con nadie.

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