8 de enero 2004 - 00:00

Espionaje y bodas en agradable comedia

Espionaje y bodas en agradable comedia
«El padre de mi novio» («The In Laws», EE.UU., 2003; habl. en inglés). Dir.: A. Fleming. Int.: M. Douglas, A. Brooks, D. Suchet, C. Bergen y otros.

El argumento de «El padre de mi novio» es mucho más atractivo que su puesta en escena, agradable y divertida pero prometedora de una explosión que nunca llega (explotan muchas cosas, por cierto, pero siempre ha sido difícil hacer de Michael Douglas, creíble en el drama, un comediante realmente explosivo).

El recurso humorístico del film es el contraste de opuestos. Hay dos futuros consuegros con preocupaciones diferentes para el día de la boda de sus hijos: el padre de la novia (Albert Brooks, él sí un comediante nato), obsesivo podólogo judío de costumbres conservadoras, se ocupa hasta del más insignificante detalle de la fiesta; el padre del novio ( Douglas) no sabe si llegará a tiempo a la ceremonia, porque para ello debería suspender una misión secreta en Praga que consiste en evitar que un poderoso mafioso se apodere de un submarino nuclear que perteneció a los soviéticos.

El planteo, desde luego, le sonará conocido al espectador que haya visto «No disparen, soy dentista» (1979), la comedia con Peter Falk (el espía) y Alan Arkin (dentista en aquel caso), de la que «El padre de mi novio» es la «remake». Nadie hubiera imaginado que una comedia así necesitara una nueva versión pero, en fin, Hollywood tiene razones que la razón no conoce: también esta misma semana se estrena «Viernes de locos», que en 1976 se vio como «Viernes alocado» cuando la protagonizó Jodie Foster.

Si el humor del choque entre ambos consuegros atenúa sus efectos a los pocos minutos de producirse, y si la trama llega a desbordes no siempre eficaces, el verdadero placer de la película lo retienen, en cambio, algunas escenas desopilantes de verdad, casualmente protagonizadas todas ellas por Brooks: hay que enumerar, entre ellas, la primera cena en el restaurante oriental de Chicago, y sobre todo el encuentro entre Brooks y el mafioso al que persigue su consuegro, ese estupendo actor inglés (que aquí hace de francés) David Suchet, y en la que el podólogo debe hacerse pasar por «Fat Cobra», un archivillano que se ganó ese apodo no por su veneno sino por las proporciones de una parte de su cuerpo.

Como viene ocurriendo con varias de las últimas comedias de Hollywood, la bella de los '70 Candice Bergen vuelve a aparecer, como una «deus ex machina», casi al final de la película (ocurrió en «No me olvides» y en «Miss simpatía», entre otras), algo que se agradece pero al mismo tiempo se desea, por qué no, un papel más protagónico para quien fue la gran actriz de «Conocimiento carnal», «Cuando es preciso ser hombre» y «El cañonero del Yangtze».

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