Actuación de Charly García. Con M. G. Epumer (guitarra y voces), K. Hayashida (guitarra); C. González Vázquez (bajo) y A. Silva Peña (batería). (Teatro Gran Rex. 13/12 Repite 17 y 19/12).
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La nueva provocación de Charly García consiste en anunciar que emigra a Nueva York (según dice, por seis meses) y por eso programó esta serie de conciertos de despedida titulada «Adiós Charly García». Sin embargo, aclara en cartas firmadas por él y que se pueden ver en las puertas del teatro, que si logra recaudar un millón de dólares con estos recitales, podría quedarse en el país y evitar trabajar en el extranjero. Las bufonadas comenzaron, entonces, antes que el espectáculo y siguieron -bastante esporádicamente-, durante el excelente show que brindó en el Gran Rex. García apareció de traje negro salpicado de pintura roja y camisa blanca. La banda vestía también en esos tres colores, que combinaban además con la alfombra roja, el telón y el obligado brazalete tricolor de «Say no more», que también lucía el 90% del público, muy contento de responder mecánicamente cada vez que Charly hacía el saludo nazi.
No faltaron las botellas de agua mineral lanzadas por el cantante a una platea que las recibía como trofeos, el intercambio aéreo de guitarras (se las revoleaba a los «plomos» que debían atajarlas), ni el invitado de lujo: Fito Páez. Cuando ingresó, también en la gama tricolor aunque desentonando por el jean agujereado, cantaron juntos excelentes versiones de «Alicia» y «Ciudad de pobres corazones» de Páez. La primera parte del show se destacó por la magnífica interpretación de temas aún vigentes que suenan hace veinte años y que siguen enardeciendo a un público que va de los 15 a los 50 años. Hicieron estallar el teatro «Popot itos», «El aguante» o «Yendo de la cama al living», matizados con chistes de García sobre los juicios que tiene abiertos en su contra (el más reciente fue por disturbios en Rosario, cuando se tiró del noveno piso a una pileta), los hijos que le atribuyen y su insistencia para que el público descontrolara («qué tranquilos vinieron hoy, ¿qué les dieron, morfina?»).
• A patadas
Tras el intervalo, Charly volvió pateando al asistente que abría el telón y, guitarra en mano esta vez, ofreció temas de su último disco: «Dealer», «Rehén», «Telepática», etc.). Fueron unos veinte minutos de apaciguamiento, con un público disciplinadamente sentado en las butacas, admirado ante la primera presentación en vivo del trabajo más reciente del músico. Amagó dos veces con despedirse y reapareció con «Revolución» e «Influencia»; volvió a simular que se iba y regesó con una increíble versión enchufada de «Dinosaurios». Pero la tercera vez, pese al enérgico reclamo del púbico, se fue en serio. Sus fans salieron satisfechos y por supuesto sin creer en el «adiós» del ídolo.
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