Virginia Correa Dupuy y Natasha Tupin, dos de las notables voces de la ópera de Richard Strauss que montó Buenos Aires Lírica con rigurosa régie de Rubén Szuchmacher y estupendos músicos.
«Ariadna en Naxos», ópera de R. Strauss. Con V. Correa Dupuy, N. Tupin, A. Mastrángelo, C. Bengolea y elenco. Régie: R. Szuchmacher. Esc. y Vest.: J. Ferrari. Ilum.: G. Córdoba. Camerata Bariloche, Dir.: R. Fischer. (Teatro Avenida, 12/11. Org.: Bs.As. Lírica.)
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Por primera vez se representa una ópera de Richard Strauss en un teatro que no es el Colón, y en su idioma original. La producción debe contar con un elenco de 14 protagonistas para el Prólogo y 10 para la ópera; una orquesta de 37 músicos solistas; tiene que estar bien vestida e iluminada, y tanto la dirección escénica como la musical deben aportar profesionalismo y conocimiento profundo de las finas ironías de Hugo von Hofmannsthal en su libreto y de las sutilezas en la partitura de Richard Strauss. Como bien señaló Kurt Pahlen, «es una de las obras más finas del teatro musical del Siglo XX, un manjar para verdaderos gourmets».
Es justo afirmar que la representación es espléndida desde todo punto de vista. Escenografía clara, original y con mucho espacio, generosamente iluminada «a giorno». La régie no descuida ni el mínimo gesto, marcando diferencias de caracteres y un humor refinado que deviene en un homenaje a las Dos Carátulas, la convivencia de la tragedia y la comedia en un mismo espacio vital. Los homenajes a Moliere, a la tragedia griega y a la commedia dell'arte conviven con la crisis de creación del compositor dramático y la comediante con una personal valoración de la moral.
La Camerata Bariloche, con músicos invitados del mismo nivel de excelencia, aportaron una interminable gama de matices en una labor de calidad inolvidable; muy acertado el equilibrio entre las voces y el foso logrado por el joven y talentoso director chileno Rodolfo Fischer. Desde el canto, hay grandes revelaciones, ya que es notorio que cada protagonista entrega lo mejor de sí y con el entusiasmo aparecieron dotes consagratorias. Un caso es el de Adriana Mastrángelo, que se «roba» el prólogo con su potencial vocal y actuación inmejorable travestida de compositor. Natasha Tupin compone una Zerbineta de antología, que no escatima los intrincados y desafiantes diseños de coloratura, que para ella parecen sencillos, pero son dificilísimos de estudiar y memorizar.
En el polo opuesto, Virginia Correa Dupuy es una Ariadna melancólica en sus melodiosas evocaciones que se destapa con un torrente vocal cuando un nuevo dios aparece en la isla; un rol consagratorio en su carrera. Hasta el tenor Carlos Bengolea se supera a sí mismo; son un derroche de simpatía y teatralidad el cuarteto formado por Marcelo Lombardero, Carlos Sanpedro, Walter Schwarz y Enrique Folger, lo mismo que el trío de las eficaces Carla Filipcic Holm, Eleonora Sancho y Mónica Sardi; destacable la elegancia de Gui Gallardo. Todos cantaron y actuaron en alemán con gracioso acento austríaco, un logro de la asesora idiomática Katharina Daboul. En resumen, un triunfo de la ópera independiente que ya se anima con los legados más difíciles del género, «Ariadna en Naxos» se coloca como una de las mejores producciones de esta temporada lírica.
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