O rganizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe se presenta por primera vez la gran colección de arte argentino del Museo Provincial de Bellas Artes de esa ciudad, «Rosa Galisteo de Rodríguez» en el Museo «Eduardo Sívori» en Buenos Aires (Av. Infanta Isabel 555).
Los curadores de la muestra son los arquitectos María Isabel de Larrañaga y Alberto Petrina, quienes dan así continuidad al programa de intercambio patrimonial iniciado en 2000 con la exposición de una selección de obras del Sívori que se expuso en el MACLA (La Plata), en Lima, Perú y en el museo santafecino que ahora devuelve aquella visita, postergada a causa de las trágicas inundaciones que asolaron la ciudad.
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Un poco de historia: El Museo «Rosa Galisteo de Rodríguez» cumple 81 años y nació como iniciativa personal de Martín Rodríguez Galisteo, quien en 1918 comienza su construcción, y en 1920 es donado al Estado junto a una importante biblioteca y obras de artistas europeos del siglo XIX. Entre las condiciones establecidas, el Museo debía llevar el nombre de su madre y alojar arte argentino. Casi simultáneamente a la creación del Museo se instituye el Salón Anual Nacional y desde entonces participan artistas que, en su mayoría, se convirtieron en figuras señeras de nuestro arte, salón cuya trayectoria ha sido y continúa siendo avalada por prestigiosos jurados.
Cabe señalar que el núcleo central de los patrimonios de ambos museos tiene su origen en los prestigiosos salones de Santa Fe y Manuel Belgrano, organizados por cada una de dichas instituciones, convocatoria que llega a todas las provincias y que por su jerarquía es el más importante del interior del país.
Muchos artistas realizaron en el Galisteo muestras integrales, entre ellos, Quinquela Martín en 1931, Cesáreo Bernaldo de Quirós en 1937, 1945 y una gran retrospectiva en 1953. En 1942 Miguel Carlos Victorica expone como invitado de honor con obras también pertenecientes a diferentes museos y a la colección de Luis León de los Santos que como amante del arte y generoso mecenas donó hasta su muerte en 1970, importantes obras de Figari, Torres García, Spilimbergo, Lacámera, Del Prete, Forner, Larco, entre otras, por lo que una de las salas lleva su nombre. En el acervo del Museo se encuentran muchos autores santafecinos de origen o allí radicados de distintas generaciones como Enrique Estrada Bello, José Planas Casas, César Fernández Navarro, Agustín Zapata Gollán, Miguel Taverna Irigoyen así como algunos artistas contemporáneos. La exposición consta de 64 pinturas y 10 esculturas y es una importante oportunidad para valorar la riqueza de un museo que figura entre los cinco primeros del país y que a lo largo de su existencia supo reconocer la creatividad de artistas provenientes de diferentes regiones. Hay obras excepcionales de Spilimbergo, Lacámera, Alice, Collivadino,Ana Weiss de Rossi, Quirós, Musto. Por ejemplo, de Pettoruti, Larrañaga, Badi, Berni se exhiben los diferentes premios del XVII Salón de Santa Fe.
Hay un extraordinario retrato de Luis León de los Santos realizado por Antonio Fernández Muro, un rarísimo retrato de Mujica Láinez donado por el escritor y pintado por Jorge de la Vega, importantes grabados de Pompeyo Audivert y Aída Carballo así como esculturas de Troyano Troiani,Antonio Sibellino, Agustín Riganelli, Lucio Fontana. La muestra estará abierta hasta el 29 de febrero y a partir de Marzo se exhibirá en el Teatro Argentino de La Plata.
•Andrés Labaké
«La precariedad de nuestras construcciones», pinturas, objetos e instalación de Andrés Labaké en Galería Praxis ocupa dos espacios diferenciados. En la planta alta sus pinturas han alcanzado un grado de excelencia y rigurosidad como el que habitualmente se ve en sucesivas exposiciones o envíos a diferentes premios. En ellos se ahonda el misterio de sus suturas que aluden a barcas, el vuelo amenazante de unas aves sobre un caserío en círculo, una geografía desconocida en la que predominan rojos morados y amarillos secos, situaciones que esquivan una narrativa lineal. El contemplador se siente solo frente a la soledad imperante.
En la planta baja, da una vuelta de tuerca y si bien continúa el rigor formal, Labaké nos coloca en una situación inestable. Debemos caminar por un piso blando, con un tajo a lo largo que lo hace más inestable. En las paredes, cajas blancas, blanquísimas, con elementos tangibles de su obra pictórica: personajes, barcas, ramas, formas ovoidales en pequeña escala que el artista llama «Maquetas-Continentes». Un intento de conceptualización acerca de «la precariedad de nuestras construcciones afectivas», pero que en nuestra opinión son producto de una sólida relación con el hacer artístico.
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