En la sede de la Fundación Federico Jorge Klemm y en conjunto con la Academia Nacional de Bellas Artes se inauguró la muestra homenaje «Dispositivo Klemm». El montaje a cargo de Carlos Espartaco, Valeria Fiterman y Fernando Ezpeleta, estrechos colaboradores del artista fallecido hace dos años, se centra en objetos de su propio diseño. Backlights de las joyas que usaron tanto su madre como Federico, una mesa de cristal sostenida por lo que aparenta ser una gran pepita de oro, columnas lumínicas que sostienen dos esferas y que se encontraban en una sala privada de la galería.
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También backlights del Salón Venecia correspondiente a su casa particular, una vitrina con fotografías del artista y los amigos dilectos que acompañaron su trayectoria artística y personal así como un sector para la proyección de casi 180 diapositivas de su obra, todo presidido por una gigantografía de su autorretrato realizado en 1990, titulado «El ser es víctima y es sacrificio de lo cotidiano».
La muestra es en su concepción lo opuesto a lo grandilocuente, apocalíptico, teatral, wagneriano de una obra que se nutrió del Clasicismo, del Manierismo, del Barroco, lo mitológico, lo televisivo, el simulacro. El arte fue para Klemm un medio por el que reveló una suerte de lucha contra sí mismo, un deseo de alcanzar la redención, su espíritu religioso, el sentimiento enmascarado de la muerte, la opresión y lo efímero de la existencia. Una pequeña sala que permite, a la manera de un santuario, acercarse a un artista apasionado, autor de una obra perturbadora, diferente, y como señala Carlos Espartaco en el texto del catálogo, «la encarnación de un modelo que elige, de todas las posibilidades del comportamiento artístico, la tangente individual». • Lydia Tarica adhiere, en principio, a los postulados geométricos y, consecuentemente, a su rigor. Las esferas y las rectas se fusionan y entrecruzan sin guardar simetría lo que permite que la mirada recorra un espacio pictórico que no cae en lo reiterativo. Las esferas parecen buscar un lugar en el cosmos pero la recta, por momentos, parece impedirle su paso. Logra efectos ópticos contra un fondo dinamizado por sutiles gradaciones colorísticas, principalmente cuando la artista busca los tonos sosegados.
Entonces hasta podríamos aventurar que el color es paisajístico, lo que en cierto modo, quiebra la ortodoxia del rigor geométrico.
Obra dinámica, comunicativa, que busca salir al espacio infinito. En Tarica, color y forma se influencian mutuamente y como colores y formas pueden ser innumerables, su combinación y sus influencias son igualmente innumerables. Galería Forma (Aráoz 2540). • En la Sala 2 del Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551), Gabriela Maltz presenta una muestra titulada «Nodos Nudos Nidos». Marcos de madera que contienen nudos, capullos, curvas, sutiles tramas dadas por el metal con el que Maltz dibuja en el espacio. Un dibujo de orfebre el que las líneas se intersectan, de ahí los nodos, se tensan, se interrumpen, se bifurcan, vibran, dialogan, dejan espacios, o se agrupan. Maltz no esconde los elementos con los que provoca esas tensiones, están afuera del marco, pero integradas a la composición. Una metáfora acerca de encuentros y desencuentros y como la artista lo señala «...atando cabos, desatando nudos, desnudando historias, atrapando sueños...».
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