En el Museo de Bellas Artes hoy, a las 19, se inaugurará una muestra de dibujos de Clorindo Testa (1923). En esa oportunidad, con motivo de los 80 años del artista, el Presidente de la Comisión de Cultura y Comunicación Social, Diputado Fernando Finvarb, le entregará el reconocimiento por su trayectoria en las artes visuales. Graciela Melgarejo, Francisco Bullrich, Berto González Montaner y el autor de esta nota se referirán al artista.
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Los dibujos que presenta fueron pensados en torno a la ficción de otro posible autor, ya que Testa induce a que los dibujos podrían haber sido realizados por el Presbítero Don Francesco de Ceppaloni a mediados de 1750, cuando viajó a la Ciudad de Córdoba, entonces Virreinato del Alto Perú. En la Iglesia de Ceppaloni, su mismo pueblo de nacimiento, Testa habría encontrado debajo de la sacristía, los dibujos y croquis, que el presbítero Don Francesco (1723-1823), supuestamente habría ejecutado durante su permanencia de cinco años en Córdoba.
Con ellos habría competido en las licitaciones por la fachada de la Catedral, la Capilla de Ischilin y la Capilla de 9 de Julio, entre otras, en las que resultaron ganadores los diseños del jesuita Andrea Bianchi, excepto en la de capilla de Carmelo sobre la orilla del Río de la Plata en el Uruguay, en la que Bianchi no intervino. El juego de ficción se duplica borgeanamente, ya que en ocasión de los 80 años de Testa la muestra celebra los 280 años del nacimiento de Don Francesco en la ciudad de Nápoles, capital del Reino de las dos Sicilias.
Distinguido este año con el título de Doctor Honoris Causa, por la Universidad de La Sapienza de Roma, Testa trabaja desde 1952 en la arquitectura y en la pintura con igual maestría. Ha proyectado edificios que son algo más que objetos de consumo: a través de sus diseños, muestra su potencia como creador de ideas y representaciones. Hemos publicado un libro de 200 páginas sobre su obra. En sus diseños de mayor trascendencia -la sede del ex Banco de Londres, la Biblioteca Nacional, el Centro Cívico de Santa Rosa, el Hospital Naval, el Buenos Aires Design -, puede reconocerse la importancia asignada a la estructura urbana existente, y no sólo desde el punto de vista formal, sino como hecho sociocultural.
Su arquitectura es exclusiva, difícil de encasillar, a pesar de la diversidad de recursos que utiliza para materializarla. Sus edificios se encuentran, sin duda, entre los de aquellos arquitectos que, desde los tramos finales del siglo XX, han encontrado algunas respuestas imprescindibles. Son las representaciones de un creador de espacios, en los que el hombre pueda desarrollarse en comunión con sus semejantes, aboliendo la soledad y el desamparo.
Sus más recientes muestras de arte responden a un programa y adoptan un partido, como si se tratara de un proyecto de arquitectura. La presencia del artista es evidente y notoria en las formas y los detalles de La Perla, la Plaza del Pilar, el Colegio de Escribanos y Soka Gakkai. Desde Mediciones (1972), sus muestras individuales son temáticas y predeterminadas; no expone lo que ha creado en los últimos tiempos sino que representa lo que ha de exhibir en fechas venideras.
Esta modalidad de trabajo, tan cercana a la del arquitecto --quien diseña a partir de un programa -, no hace sino confirmar la teoría acerca del carácter autobiográfico de la obra de Testa, relator y relatado. Por eso podemos hablar de series: en rigor, son capítulos de la autobiografía que viene articulando.
Aun aquellas obras que aporta a las muestras colectivas se insertan en la misma narración, como los Graffittis españoles (1986), el Gliptodonte (1988), El Espejito Dorado (1990), La fiebre amarilla (1991) y Explosión (1992). A fines de 1993, en el Museo de Arte The Striped House, de Tokio con el Grupo CAYC ( Luis Benedit, Jacques Bedel, Víctor Grippo, Alfredo Portillos y el autor de esta nota) presentó una exhibición conjunta, «América en Oriente».
El aporte de Testa incluyó una serie de dibujos que son una variante, al menos formal, de Mediciones. Estos dibujos, llevados a grandes pinturas y acrecentados en número, formaron su muestra Repeticiones sobre un mismo tema.
Los títulos de Repeticiones no necesitan comentario: «Aquí estoy», «Estoy riendo», «Estoy llorando», «Estoy pensando», «Estoy dormido», «Estoy vivo», «Estoy muerto», «Ad Infinitum». La serie se completa con el díptico «Esta es mi casa», representación de un techo modesto, casi inexistente, sobre el cual se apoyan, inclinadas sobre la pared, estacas de madera que descansan en el piso.
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