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9 de septiembre 2003 - 00:00

Exponen obra de Oscar Soler y presentan libro

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La atinada y justa reivindicación del dibujo arquitectónico concierne al arquitecto, cuyos diseños libran esa interminable batalla entre la tradición y la invención, el orden y la aventura; y atañe al dibujo, fabuloso instrumento de representación y arte. Sin embargo, tienen que ver también con el destinatario de las obras y los esfuerzos, el hombre.

La importancia del dibujo ha sido siempre reivindicada por
Desde el punto de vista sociocultural, la representación es el sistema o conjunto de manifestaciones por cuyo intermedio una sociedad, a través de las imágenes y los símbolos que crea, realiza sus modos de vivir y pensar, su concepción del mundo, sus creencias y valores, su arte. La arquitectura integra, por cierto, ese sistema, y hasta ayudó a establecerlo, es cofundadora de él: no hay sociedad humana sin territorio, no hay territorio sin hábitat, no hay hábitat sin la acción elemental de la arquitectura ( tomada en su sentido meramente constructivo). Es este, el de su origen (arqui, en griego, indica primacía y origen), el primer nivel de representación asumido por la arquitectura, una representación institucional.

Un segundo nivel es el de la representación espacial, que constituye una de las funciones esenciales de la arquitectura; un tercer nivel es el de la representación social, destinada a completar y vivenciar la representación espacial; por último, un cuarto nivel abarca la representación instrumental, o sea, la inclusión de las necesidades (materiales, espirituales, éticas, estéticas, imaginarias) de la comunidad.







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