Acaso involuntariamente, el título de estreno local de esta película puede provocar ciertas confusiones. Dicho título sugiere, para qué negarlo, cierta connotación de comedia picaresca. Vaya a saber uno cuál será la especialidad de ese doctor. Pero el original es otro: «La maladie de Sachs» (la enfermedad). El doctor está enfermo, el doctor estudia su propia enfermedad. La cosa cambia.
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Hombre joven, pero seguidor de las viejas normas de su profesión, él realmente se interesa en cada uno de sus pacientes, incluso en los más fastidiosos. Los atiende, los escucha, trata de entenderlos, de acompañarlos. La que va por un aborto, la estreñida, el que se queja del colesterol, el que se las aguanta, una vieja odiosa y egoísta, la madre de una hija natural en edad de asumir ciertas cosas, la obsesiva, el cardíaco, el viejo próximo a enviudar (un personaje memorable) y tantos otros. Cada uno, detrás de sus achaques, tiene su historia. A veces, sólo transmiten los síntomas de esa historia; a veces, la confiesan.
En soledad, el doctor escribe. Todavía no se ha hecho una coraza contra el dolor ajeno, y ese dolor, justificado o no, repercute dentro suyo. Y es un solitario, aunque alrededor tenga unas cuantas mujeres solícitas, bien intencionadas. Una de ellas podría ser su pareja, incluso su remedio, aunque la enfermedad que lo aqueja es bastante especial.
Basado en una novela del doctor Martin Winckler, el veterano realizador Michel Deville («La lectora», «Dossier 51», «El cordero enardecido», etc.), siempre exquisito, ofrece una admirable variedad de personajes, atractivos textos, un montaje vivaz y un tono de sutil emoción, que va penetrando cariñosa y despaciosamente en el espectador. Impresiona la rica observación de esos caracteres y la habilidad para combinarlos y hacer que entre todos vayan componiendo no sólo sus propios retratos, sino también el de su médico. Interesa, además, saber que esta obra es contemporánea de otra de Bertrand Tavernier, sobre la lucha cotidiana de un director de escuela, también en provincia, «Todo comienza hoy». Las dos tienen cosas muy lindas en común.
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