De izq. a der., Arthur Fagen (director de orquesta), Paul-
Emile Fourny (régisseur) y Louis Désiré (escenógrafo y vestuarista),
responsables de «Sueño de una noche de verano»
de Britten en el Colón.
A treinta años de la muerte del compositor inglés Benjamin Britten, el Teatro Colón estrenará mañana una nueva producción de una de sus óperas más difundidas: «A Midsummer Night's Dream» («Sueño de una noche de verano»), en tres actos y con libreto del mismo Britten y Peter Pears, basado en la comedia de William Shakespeare.
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La obra se conoció en 1960 en Aldeburgh, ciudad en la que el compositor moriría dieciséis años después; Buenos Aires la conoció a poco de su estreno mundial, un año después, en el mismo Colón. La nueva producción cuenta con la dirección musical de Arthur Fagen, régie de Paul-Emile Fourny, y escenografía y vestuario de Louis Désiré. Dialogamos con este último, un artista que trabajó en grandes centros operísticos de Europa y los Estados Unidos en las últimas décadas, con una carrera que ya lleva treinta años. Su trabajo fue preparado exclusivamente para Buenos Aires pero realizado en coproducción con la Opera de Nice, a dónde será llevada en la temporada de 2008. Désiré nació en Marsella hace cincuenta años -los cumple hoy, un día antes del estreno de «Sueño de una noche de verano»- pero conoce ampliamente Buenos Aires.
Periodista: Veo muchas butacas apiladas. ¿Cuál es la concepción escénica de su producción?
Louis Désiré.: La idea es la de un sueño, con la transformación de cosas triviales en dramáticas, y las dramáticas en cómicas. Imaginé un efecto muy teatral, muy shakespeareano. Pensé un sueño global, donde nadie sepa quién lo está soñando. Eso me ubicó la acción en un teatro. Los personajes se despiertan en un teatro, en medio de la noche -todo esto se ve en el final de la ópera- y se efectúan las bodas. Vi todo este gran teatro, el Colón, y me imaginé una montaña de butacas donde está ubicado el sueño, donde aparecen personajes de épocas distintas, como un sueño de ahora, pero que repercuten en diversas zonas de la memoria, de nuestra infancia.
P.: ¿Hay contenidos personales entonces?
L.D.: Inevitablemente. El lunes, antes del estreno, voy a cumplir cincuenta años, y cada vez que sueño cosas del pasado me retrotraigo a cosas de mi infancia, a recuerdos e imágenes con una precisión diabólica, con colores y olores, y es como si se abriera una ventana y viera todo aquello que está en mi memoria.
P.: Se puede decir entonces que ha mezclado un poco a Proust con Freud en su versión.
L.D.: El tiempo que no para y siempre da posibilidades de una nueva mirada. La pila de butacas se verá en la primera parte, en el momento del sueño, y en la segunda ya hay otras cosas, hay también un pequeño bosquecito que pasa... Quiero que la gente que lee la traducción simultánea vea en el escenario algunas precisiones de lo que se dice y no algo que no tiene nada que ver con la obra. Siempre entre una cosa y otra hay una relación. No sólo mi fantasía. Me pareció interesante mostrar primero el caos y luego el orden después del sueño. Esta preferencia por el sueño y, en mi caso, por los recuerdos de la infancia se ligan de alguna manera, como usted dice, con Proust y Freud, naturalmente.
P.: ¿Están respetados los tres estamentos en que se ubican los personajes de la obra de Shakespeare?
L.D.: Por supuesto que sí. Se respetan además las jerarquías: los personajes que están en las cumbres, los que están en el llano, y los gnomos y las hadas del mundo feérico de Britten y Shakespeare quese encuentran entre ellos. Los cantantes del coro de niños, en esta versión, aparecen en pijama y se despiertan en medio del escenario de un teatro. Lo dramático y lo onírico aparecen siempre entremezclados.De todas formas, a pesar de una interpretación tan personal como la que hago, la esencia de la comedia está respetada. Lo que sucede es que Shakespeare es un autor tan moderno y tan actual. Aquí, cuando el telón se abra, el público va a oler a pasto fresco; lo conseguiremos a través del aire acondicionado que largará ese perfume para ilustrar un amanecer en una pradera verde, para que sea otro sentido el que se sienta comprometido en esta experiencia.
P.: ¿Cómo ha trabajado en el Colón?
L.D: Hemos formado un equipo junto al régisseur Fourny, aunque al director de orquesta lo conocimos aquí. Ya con Fourny trabajamos en NuevaYork en octubre último, en «Ariane et Barbe-bleue», de Paul Dukas, que acaba de reponerse hace un mes en Nice. Yo soñé este «Sueño de una noche de verano» y el régisseur lo materializó, lo hizo verdad. En cuanto al director musical, el proyecto escénico le gustó mucho y participó en la evolución normal del trabajo, de los ensayos que pide la realización de una ópera como ésta.Y en el Colón trabajamos magníficamente bien.
P.: ¿En que consiste básicamente la coproducción?
L.D.: Con la ayuda económica, en este caso europea, y la labor de los argentinos, se concreta esta puesta. Este procedimiento debería intensificarse y habría que hacer más coproducciones con Europa. En este caso los dos teatros, el de Nice y el Colón, decidieron unirse para hacer esta obra de Britten. Se fijó que se estrenara en el Colón, donde se hizo toda la escenografía y el vestuario. La parte económica la pone Nice y aprovecha todo lo que se construye acá.
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