El lunes pasado, a las 22, con entusiastas aplausos de los fatigados vendedores y premura en desarmar las instalaciones, concluyó la 32° Feria de Libro, y comenzó el balance por parte de los organizadores y expositores.
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«No tiene mucho sentido si la Feria del Libro tuvo más o menos gente que el año pasado», comenta Carlos Alberto Pazos, Presidente la de la organizadora Fundación El Libro, y se indigna: «Hay una manía por los números que no se corresponde con la constante que viene teniendo la Feria de convocar a más de un millón de personas. Estamos en un techo y la concurrencia es prácticamente la misma todos los años. Lo importante es que la gente se acerca a los libros, ya sean lectores habituales o no. Acaso la mitad de la gente que visita la Feria no lee con frecuencia, lee muy poco o nada, pero lo cierto es que esas personas le pierden el miedo a los libros y se interesan por ellos. El hecho que se unan tantas voluntades por el evento anual de una exposición de libros y actos culturales, ya de por sí es muy importante. Y hay que tener en cuenta que esta feria no está subsidiada -como ocurre con la de Guadalajara, que está respaldada por el Estado de Jalisco-, se hace con el dinero de los expositores y de algunos sponsors. Esto supone márgenes y límites. Nosotros queríamos, por dar un caso, traer a Woody Allen, pero tuvimos que desecharlo por el altísimo costo. Veremos si alguna vez podemos traerlo. Tenemos que partir de nuestras posibilidades económicas. Esto no quiere decir que en el futuro no sigamos intentando invitar a grandes figuras, ojalá contemos con los apoyos necesarios para lograr que vengan».
1.200.000 visitantes es la cifra que se ha instalado, no sin minuciosos debates entre los expositores, como la de la concurrencia alcanzada por la 32° Feria del Libro. En «El diario de la Feria», producción especial del diario «La Razón», se pasa de dar en la tapa el delirante número de un público de 2.000.000 a 1.150.000 en páginas interiores.
«Hubo apenitas menos gente que el año pasado, sobre todo en los días hábiles, pero hubo más compradores», sostiene un conocido editor de libros de ensayo. «Estamos de entre 5 y 10 por ciento más que el año pasado, lo que es mantener el éxito», considera Horacio García, directivo de la Fundación El Libro, y CEO de la editorial Catálogos.
«Acá se vieron muchas cosas. Una, que la Feria es el hecho cultural más significativo del país en cuanto a convocatoria cultural. Otra, muy importante, es que se pudo confirmar la recuperación del mercado editorial. la industria publicó 5 o 6 por ciento más que en 2004. Se vio más gente que compró libros. Los expositores están contentos, vendieron entre 10 y 30 por ciento más.Y la gente que no compró libros y se quedaron con las ganas, después quieren tenerlos. Antes los libreros creían que la Feria era un enemigo de ellos, hoy saben que los beneficia. La gente que se quedó con las ganas de un libro va a la librería a buscarlo», sostiene Carlos Alberto Pazos.
A pesar de haber habido en el costo de los libros un incremento estimado en 10 por ciento, según Aquiles Ferrario, CEO de la editorial y distribuidora Paragráfica, «se está volviendo a las cifras de venta de los años '90, que no soñábamos y que es realmente asombroso».
Lo mejor para stands
Lo mejor para los expositores fue la inesperada llegada a comprar libros de los bibliotecarios de las provincias. La Conabip (Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares) les dio un subsidio de 800 pesos, más viáticos, para que eligieran y compraran libros en la Feria.
«Hubo bibliotecarios, gente mayor y tambien jóvenes, que provenían de las mas diversas provincias, y que por primera vez podían elegir no por catálogo, no por los comentarios de los diarios o por amiguismo, sino teniendo los libros en la mano, revisándolos y consultando a los vendedores. Se llevaron desde best sellers, pensando en los títulos que más le pedían, pero también otro tipo de libros. Se los veía, al cierre de la Feria, salir emocionados, felices, cargando bolsos gigantescos o arrastrando changuitos repletos de libros», comenta Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor.
«Gracias a la Conabip, se equiparó y pudimos cerrar bien. Hasta la llegada de los bibliotecarios, veníamos ahí, casi diría por debajo de las expectativas.Y esto a pesar de que, a los bibliotecarios se le hizo descuentos que llegaron a 50 por ciento que, en el caso de los distribuidores, es salir casi a pérdida», indica un expositor, distribuidor de prestigiosas editoras internacionales.
Lo mejor para público
«La Cenicienta de las editoriales, se convirtió aquí en princesa varias noches», ironiza Horacio García en el ,-stand de Catálogos, sobre el éxito del «Primer Festival Internacional de Poesía», que coordinó Graciela Araoz, cuyos actos colmaron las salas con un público que superó los mil asistentes en sus cuatro jornadas.
Se sigue hablando de la presentación de la poeta japonesa Kazuko Shiraishi, que si bien leyó sus poemas en su idioma (luego traducidos en un defectuoso audio) fascinó con su expresividad, al punto de recibir juveniles ovaciones dignas de un show de rock.
Los organizadores planean, tras la repercusión alcanzada, repetir y ampliar ese Festival en 2007, «con más poetas de otros países, y algunos de los que, a pesar de estar anunciados, no pudieron venir».
«La presentación que realizó Samuel «Chiche» Gelblum con Cristina Wargon de su libro «Manual Chiche. Llegó la hora de explicarlo todo» fue un gran show. La sala José Hernández no sólo estuvo llena sino que se tuvo que poner pantalla afuera para la gente que no pudo entrar. La diversión comenzó después que Cristina Wargón hiciera una presentación muy seria de Chiche, y él le susurrara: 'me parece que no leíste el libro'. Chiche tuvo esas agudezas que le son tan típicas, salidas muy aplaudidas, y sólo se quebró cuando le preguntaron que había sentido al visitar Auschwitz. Después se pasó firmando ejemplares desde las 6 hasta la 9 de la noche», comenta Celeste, en el stand de Ediciones B.
Faltó show
«No hubo nada relevante desde el punto de vista cultural. La Feria no es sólo una exposición comercial, para eso que no se cobre entrada, es un show de la industria editorial, y faltó show. Salvo que se considere show que venga a firmar Araceli González. No hubo polémicas agudas ni debates que movilizaran, no se vieron figuras extranjeras destacadas o controversiales. Tuvo la tibieza anodina de cierto sonoro sponsor», considera Aurelio Narvaja, CEO de la editorial Colihue.
En el sector considerado por algunos como «show», si bien se presentaron los estadounidenses Ray Bradbury (por teleconferencia) y Siri Hustvedt, el inglés Hanif Kureishi, el alemán Anselm Grün, el francés Pascal Brukner y la sexóloga puertorriqueña Alessandra Rampolla, los españoles -Arturo Pérez Reverte, Enrique Vila-Matas, Rosa Montero- ganaron, una vez más, por goleada. Faltó mayor presencia de autores de otros países, por los de aquellos que se han mencionado demasiadas veces, caso Harold Bloom, el poeta del rock Bob Dylan o algun premio Nobel de Literatura como J.M. Koetzee o Wislawa Szymborska.
«No sólo nos interesa traer a autores conocidos, que siempre están en nuestros planes, sino promover a nuevos escritores, que considero que es una de las funciones que debe tener de forma ineludible la Feria», responde Carlos Alberto Pazos, presidente de la Fundación El Libro.
Se vienen cambios
«Supongo que en la Feria tienen que haber cambios ineludibles, una nueva forma, porque, por más que ésta haya sido más exitosa que la de 2005, la estructura no va. Es absurdo que la gente haga colas de 20 minutos para acceder a la exposición. Hay que facilitar el ingreso, y a la vez, manteniendo la comodidad actual de calles amplias, tener mayores espacios para expositores y jornadas culturales», comenta Aquiles Ferrariomiembro de la Fundaciónel Libro, y directivo de la editorial Paragráfica.
Para Martha Díaz, directora de la Feria, los cambios pasarían por en el futuro descentralizar y congregar las salas dedicadas a actividades culturales.
Brindis final
El lunes, a partir de la 20, se realizó un agape en el pabellón Emilio Solanet de La Rural, que reunió a expositores y organizadores del evento en la entrega de premios a los mejores stands. Hubo brindis con champagne y buenos varietales, sándwichs, de lomo los más apetecibles, y variados bocadillos. «Salvo algún ' tábano', cosa que siempre viene bien para seguir mejorando, todos los expositores están muy conformes con esta Feria», señaló Pazos. Los comentarios que circulaban en la reunión trataban sobre como debía de avanzar en el país la industria del libro y de que modo desarrollar la próxima Feria. «El editor es editor aunque cambie el soporte, y nunca debe de estar ausente», sostenía Ana María Cabanellas, la argentina que preside la Unión Internacional de Editores, y CEO de la editoriales Heliasta y Claridad, explicaba la posición que tendrá su conferencia en Washington, en jornadas del Banco Mundial, sobre la publicación gratuita, tanto de las universidades como en internet.
«Llevo viniendo 30 años a la Feria», comentaba el español José María Gómez, CEO del Grupo Anaya, «y he visto como la Feria retomó el buen camino, se ha recuperado», y explicaba como el Grupo Anaya fue pasando en la última década del Grupo Vivendi al Grupo Lagardere Hachette, «que es el segundo en Europa y el tercero en el mundo, con una facturación anual superior a los 2 billones de euros», y como, a pesar de haberse planteado que en sector edición no deben intervenir editorialmente y sólo hacerlo con alianzas locales, «aquí comenzamos apoyando al Grupo Aique, teniendo 50 por ciento de la empresa y hoy, casi sin haberlo querido, la tenemos por entero».
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