8 de abril 2004 - 00:00

"Flauta mágica" poco sutil aunque con buenas voces

«La Flauta Mágica», ópera de Mozart. Con D. Kaasch, S. Houda Saturova, L. Rizzo, H. Iturralde, C. Höxter, C. Díaz y otros. Asist. de régie: M. Cambiasso. Régie y Esc.: M. Hampe. Dir. Coro: A. Balzanelli. Dir. Orq.: O. von Dohnányi. (6/04/04, Teatro Colón, Función de Gran Abono).

Con más de una docena de cambios escenográficos y 17 protagonistas entrando y saliendo de escena, «La flauta mágica», que inauguró anteanoche la temporada lírica del Teatro Colón, es una ópera de gran complejidad. Uno de sus principales ingredientes es lo «Zauber», es decir, lo relativo a los misterios de la magia; unido a los ritos iniciáticos y los enfrentamientos por el poder, todo se torna fuerte, con el alivio por la simpatía del simple pajarero y la inocencia de la enamorada pareja central. Esta versión es en «singspiel», es decir, partes habladas y otras cantadas.

El regista y escenógrafo alemán Michael Hampe se dispuso a utilizar todo el espacio y los recursos humanos del Colón, con una escenografía amplia que debe moverse con la precisión de un mecanismo de relojería y en silencio -puesto que la acción no se detiene-.

En la función de Gran Abono que se comenta, los gritos de los técnicos, los ruidos de herramientas y los choques de ensamblamiento de las partes se integraron como aporte ineludible a la representación. Cuando se termina el armado tiene su belleza, como el coro de sacerdotes en un plano elevado o el inmenso bouquet de frutas y flores que evoca a Archimboldo.

Tanto es así que, durante el primer acto, no hubo reacción del público, estaba expectante. En el segundo acto la Reina de la Noche calentó la sala; en el primero no lo consiguió porque la bajan columpiándose en una media luna y parecía aterrada; en el segundo, ya en el piso, Laura Rizzo ganó la más legítima y espontánea ovación de la noche. Es agradable y de buena técnica la voz de Simona Houda Saturova como Pamina, también afirmada en la segunda hora, así como el Tamino que el tenor Donald Kaasch domina con naturalidad.

Se consagra Hernán Iturralde como el inocente Papageno, que parece haber encarado bajo el principio de «mas vale caer en gracia que hacerse el gracioso», y lo logró. Carina Höxter muy simpática con su Papagena. El ascendente joven barítono Lucas Debevec Mayer encara a Sarastro con sincera emoción, aunque le falte un poco más de extensión hacia el registro bajo. Osvaldo Peroni todavía no se adueñó de su personaje, el negro Monostatos.

Las damas de la reina no parecían bien ensayadas; en cambio los niños genios están sólidamente preparados, así como el Coro Estable, aunque el coral final está un poco gritado. La Orquesta y el director Olivier von Dohnányi logran tocar ajustados, pero sin las sutilezas ni los bellos matices mozartianos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar