5 de octubre 2006 - 00:00

Florencia Peña logra una magnífica Charity

Florencia Peñaevidencia unprofundodominio de lascontradiccionesde Charity, enquien convivenel payaso, larubia tonta, lacriaturaangelical y la florde fango.
Florencia Peña evidencia un profundo dominio de las contradicciones de Charity, en quien conviven el payaso, la rubia tonta, la criatura angelical y la flor de fango.
«Sweet Charity». Libro: N. Simon. Mús.: C. Coleman. Dir.: L. Raben. Dir. Asoc.: E. Federman. Int.: F. Peña, N. Scarpino, D. Ramos y elenco. Coreog.: G. Wons. (basada en la original de B. Fosse). Dir. Mus.: G. Gardelín. Vest.: M. Toledo. Esc.: A. Negrín. (Sala Lola Membrives.)

Antes de triunfar en Broadway como coreógrafo y director Bob Fosse trabajó varios años en el circuito de night clubs (muy cerca del «vodevil, el burlesque, el strip tease y los cabarets baratos», según declaró en una antigua entrevista). Algo de ese ambiente emerge en «Sweet Charity», originalmente concebida, dirigida y coreografiada por Fosse, y en donde -caso curioso- la prostitución no aparece idealizada y mucho menos redimida con un happy end.

La historia es simple: una cabaretera de pocas luces, pero con un corazón enorme, espera confiada la llegada del príncipe azul que cambiará su vida llevándola al altar. Entretanto, se lleva más de un chasco con los hombres que se le acercan sólo para abusar de su generosidad. A diferencia de sus compañeras -amargadas por tantos años de «oficio»- Charity renace de cada fracaso con renovadas esperanzas.

La eficacia de este musical, que no cuenta con canciones de particular atractivo, depende en primer lugar de los pasos de comedia y luego de las coreografías. El argumento está basado en «Las noches de Cabiria» de Federico Fellini y su protagonista es bastante más compleja de lo que parece. Florencia Peña aprueba este nuevo desafío. En líneas generales, se la ve más segura como cantante que como bailarina, pero su desempeño es muy digno en ambos rubros. Actoralmente su Charity es pura gracia y encanto: evidencia un profundo dominio de las contradicciones de este personaje en el que conviven el payaso, la rubia tonta, la criatura angelical y la flor de fango.

No le van a la zaga sus dos escépticas compañeras de burdel (notables labores de Griselda Siciliani y Debora Turza) ni tampoco Oscar, el conflictuado contador público que compone Nicolás Scarpino. La escena en que éste y Charity quedan encerrados en un ascensor es muy comica (y no apta para claustrofóbicos).

Tampoco tiene desperdicio el encuentro con Vittorio ( Diego Ramos), el glamoroso divo del cine italiano. Charity explota en la mansión del galán, escondida dentro del closet, su humor de raigambre chaplinesca, y obtiene carcajadas. Peña juega todo el tiempo con el ridículo sin perder sex appeal y, cada vez que se desliza hacia el drama, lo hace con admirable ternura y delicadeza, totalmente alejada de las machiettas que compuso en sus dos últimas sitcoms.

Fosse estrenó este musical en 1966 y más tarde lo llevó al cine (sin demasiado éxito de taquilla pese al protagónico de Shirley MacLaine). En 1987 decidió reponerlo, pero murió de un paro cardíaco mientras organizaba la gira, cumpliendo así lo que él mismo había profetizado en «All that jazz». Hoy sus cuadros musicales, adaptados por Gustavo Wons, siguen destilando la misma sensualidad y energía.

«El Frug del millonario» con su alocada recreación de los años '60; «Ritmo de la vida» (sutil parodia de «Hair») o las dos versiones de «Playboy» a cargo del grupo de prostitutas, primero entusiastas y más tarde agobiadas de cansancio y resignación, demuestran que en «Sweet Charity» danza y actuación van por el mismo camino. Este es otro logro de esta nueva puesta a cargo de Larry Raben y con Enrique Federman como director asociado.

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