22 de mayo 2001 - 00:00

Folklorista que ya es un clásico

Suna Rocha ya es un clásico y desde ese lugar debe ser escuchada y reconocida. Le sobra solvencia, manejo del repertorio -aunque la distracción o la falta de memoria le hagan olvidar algunas letras-y conocimiento profundo de la música folklórica argentina.

Lejos de las modas festivaleras y exitistas, Suna Rocha siguió su camino cantando a grandes autores, buscando la sutileza en el arreglo, preocupándose por los textos de las canciones, dando muestras de una historia que, afortunadamente, no se vio distorsionada por la posibilidad de conseguir más fácilmente el aplauso y el entusiasmo de las compañías disqueras.

Lo suyo es sencillo en esencia. O no tanto, si se piensa en los términos apuntados anteriormente. Canta muchos clásicos de indudable valor: «La pomeña», la bellísima chacarera de Carlos Di Fulvio; «A usted doña Maclovia»; «Gatito e' las penas»; «Chacarera de las piedras».

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Pero, también, títulos menos difundidos, aunque de muy alta calidad compositiva: «A Benito»; «Paisaje de mi costa»; «Mota de coplas» (chacarera que está entre lo mejor que ha escrito Raúl Carnota); «Camino a la Laguna de los Pozos»; «Tonadita»; «Cholita de ojos azules»; «Alma del pueblo»; etcétera.

Además, baila un gato y una milonga, interpreta un par de títulos que se salen de su repertorio habitual (la ranchera mexicana «La maldición de Malinche» y «Huracán», una suerte de milonga brasileña de Kleiton y Kledir) e invita al charanguista Daniel Navarro, quien, además, la reemplaza en el escenario en cada uno de sus cambios de vestuario. Sin brillar individualmente, sus músicos cumplen sobradamente con su lugar de acompañantes, aunque vale la pena destacar especialmente el desempeño del excelente acordeonista Néstor Acuña y el pianista Gabriel Luna.

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