El barrio los ha reunido y ellos dejan que esa amistad perdure, por inercia o acostumbramiento, en la mesa de un café. Es el viejo «cafetín», idealizado por el tango, que recupera aquí sus viejas cualidades de antaño, como punto de encuentro entre varones y como centro de aprendizaje de una supuesta filosofía de vida. Quizás por eso, los que más parecen disfrutar del espectáculo son los varones de 50 años para arriba. El resto del público disfruta de la pasmosa ingenuidad de Esta es la cuarta experiencia de
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