Antes que la destreza de sus intérpretes oficiantes (que la tienen), el nuevo espectáculo de Gerardo Hochman se apoya en la magia de unos cuadros que atrapan a grandes y a chicos.
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La música y la iluminación también ocupan un rol preponderante en todas las escenas, ambos rubros acompañan -y en cierta forma completan-los diferentes registros emotivos y ambientales que sugiere la acción. Los contenidos de la obra están al alcance de todo el mundo, e incluso los más chicos ríen con las escenas de amor. Tal como lo explica
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