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28 de junio 2006 - 00:00

Gamerro enfrenta una "rivalidad cultural"

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Carlos Gamerro, fuera de sus consagradas novelas, explora los mitos fundacionales nuestra literatura relacionándolos con los de los países de habla inglesa.
"Nuestra literatura comienza con un texto extraordinario y uno malísimo del mismo autor, Esteban Echeverría. La situación del país le impidió construir una obra, cosa que pudo realizar en Estados Unidos, por la misma época, Hawthorne", señala Carlos Gamerro.

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Desde ese punto de partida Gamerro investiga la relación entre la letras argentinas y las norteamericanas en los ensayos de «Nacimiento de la literatura argentina». Gamerro pasó de catedrático a narrador -lleva publicadas cuatro novelas y un libro de cuentos- y hoy es guionista. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué en su libro, donde muestra los vínculos de nuestras letras con la norteamericanas, establece como un puente las obras de escritores irlandeses?

Carlos Gamerro: Hay una cierta tradición que ve como opuesta la cultura argentina y la anglo-norteamericana por vicisitudes políticas. Una rivalidad absurda. Enseñando literatura en lengua inglesa advertí que la irlandesa trataba los mismos problemas que la nuestra. Sobre todo en su etapa más brillante, la de Yeats, Joyce y Beckett. Cuanto más leía a Borges y más a Joyce más puntos de contacto encontraba. En latinoamérica a partir de los '50, y sobre todo en el boom, fue fundamental la influencia de Faulkner. No ocurrió lo mismo en la Argentina. Aquí fue Joyce el autor más leído, a partir de su traducción, primera en español, y los comentarios de Borges, la marca del «Ulises» fue muy fuerte. Hay mucho en común, en la forma de ver el propio país, entre lo escritores argentinos y los de la letras inglesas periféricas como los irlandeses. Del mismo modo fui leyendo escritores norteamericanos -Salinger, Capote, Cheever y Bourroughs- viendo nuestras relaciones de parentesco.

P.: ¿Qué influencia de Harold Bloom cree tener en sus ensayos?

C.G.: Bloom ha dicho que encuentra mejor eco de sus ideas en escritores y críticos periféricos, que están acostumbrados a tomar en cuenta la gran tradición literaria, y que su batalla la está dando en Estados Unidos y Europa. Yo traduje uno de sus libros y publiqué «Harold Bloom y el canon literario», una obra de divulgación. Me parece fundamental la forma en que hace crítica en un lenguaje que puede entender todo lector culto. Lleva a que quien lee literatura también pueda interesarse por crítica. Sus aspectos polémicos, su apertura de debates, ha dado vitalidad a éste aspecto del pensamiento.

P.: ¿Por qué dice que nuestra literatura comienza como una obra muy buena y una muy mala, del mismo autor: Esteban Echeverría?

C.G.: Echeverría me permite un paralelismo con Howthorne y el comienzo de la literatura norteamericana. Fueron estrictamente contemporáneos.Ambos establecen la primera gran obra de ficción de su país. Nuestro primer gran texto de ficción es «El Matadero», obviamente el «Martín Fierro» es mucho más completo, pero posterior. Echeverria pudo llegar a hacer muy poco, dadas las condiciones que hacían insostenible un proyecto literario, más aún en el exilio y con la persecución del rosismo. Mientras Hawthorne tuvo en Estados Unidos la posibilidad de construir una obra, Echeverríapudo apenas establecerun fragmento de su proyecto y en las peores condiciones. Esto se nota cuando se leen «El Matadero» y «La Cautiva», y se descubre junto a lo extraordinario que es «El matadero», lo malo que es «La Cautiva». Acaso sirven para enseñar la diferencia entre valor histórico y real valor literario.

P.: ¿Por que lejos de la cátedra universitaria pudo empezar a pensar la literatura?

C.G.: En mi paso por la universidad como docente escribí sólo dos papers y quedé insatisfecho con ambos. Cuando comencé a escribir para un público más amplio, con una obra narrativa publicada, mi posibilidad de hablar sobre literatura tuvo que ver más con lo que había descubierto como escritor y como lector más pasional. Podía escribir en primera persona lo que sentía y no sólo lo que pensaba. Traté de ofrecer mis propias ideas y no de las de otros.Al público lector fuera del ámbito académico hay que ganarlo, interesarlo del principio al fin, como lo hace Bloom.

P.: ¿Por eso cuando trata de Borges señala una experiencia que él no tuvo pero sobre la que escribió?

C.G.: Me interesó en Borges su fascinación por una experiencia que no tuvo, que a quienes no la han tenido se les hace difícil de entender de que se trata, pero en quienes la tuvieron, como Walt Whitman, se nota una diferencia radical del lugar desde donde escriben. Esto me sirvió para recordar que Borges no es un filósofo sino un escritor que trabaja con la filosofía. Un filósofo tiene que construir un sistema, creer en él y defenderlo. Borges para escribir un cuento un día podía ser platónico y al otro aristotélico.

Entrevista de Máximo Soto

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