«El protagonista ante el espejo» de L. Agustoni. Dir.: L. Agustoni. Int.: F. Gianola, E. Mazer, L. Ezcurra, M. Slipak, J. Howard y P. Santalla. Esc. e ilum.: H. Calmet. Vest.: P. Uria. (Sala Pablo Picasso - Complejo La Plaza).
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Esta conocida comedia de Luis Agustoni, que le valió a Oscar Martínez el Premio Molière al mejor actor de la temporada 1988-1989, basa su atractivo en los chispeantes alegatos con los que el personaje principal defiende sus intereses frente a los justificados reclamos de su entorno.
Fernando (Fabián Gianola) es un actor de teatro egoísta y mujeriego, que es incapaz de sostener un compromiso afectivo, ya sea con su hijo o con la mujer que tiene a su lado. Por lo tanto vive engañando a todo el mundo, simulando un bienestar y una seguridad de las que en realidad carece.
Pero un día su novia (Emilia Mazer), tal vez por desgaste o por la fuerza de las evidencias, decide desenmascararlo y conocer la verdad en relación a sus affaires amorosos. Fernando recurre a una florida retórica para justificar lo injustificable, enunciando desopilantes teorías acerca de la infidelidad y las fantasías sexuales masculinas que arrancan carcajadas de la platea.
Pero también debe enfrentar los reclamos de su hijo adolescente (una muy convincente labor de Martín Slipak, el joven marginal de «Resistiré») y soportar la desconfianza de su productor (muy buen trabajo de Julian Howard), quien con toda razón sospecha que Fernando va a interrumpir su temporada teatral para irse a México a grabar una telenovela. «El protagonista frente al espejo» cuenta con un formato muy atractivo, donde cada acto de la obra corresponde en realidad a un entreacto de «Don Juan», la pieza que Fernando se encuentra representando con gran éxito. Pero mientras el conflicto del protagonista con su hijo parece evolucionar hacia un posible cambio, su vínculo con las mujeres deriva en un impasse muy poco creíble, dada la psicología del personaje.
• Tono
Quizás contribuya el tono liviano y sin matices dramáticos que Gianola le otorga a su actuación, ya que éste apuesta de lleno a la comedia sacando buen partido de las réplicas maliciosas y de las imitaciones burlonas, pero cuando tiene que transitar por zonas más oscuras o abismales de su personaje pierde convicción. Cuesta imaginar que el actor que interpreta conmueva al público con su «Don Juan» -como se dice por ahí- o que realmente tenga intenciones de enfrentarse a su vacío existencial, como promete al final.
Aun así, la comedia logra buen ritmo bajo la dirección de su autor, Luis Agustoni además de ofrecer un enfoque muy actual de la relación padre-hijo.
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