Está en Buenos Aires el famoso director de orquesta Theo Alcántara, español de Cuenca, para ponerse hoy en el Teatro Colón al frente de la Filarmónica porteña en un concierto extraordinario. También se presentará Robert Bonfiglio, solista de armónica, para tocar el novedoso concierto para ese instrumento de Heitor Villalobos. Alcántara, en su frondosa trayectoria, acredita una larga formación con Herbert von Karajan, tal como se lo puntualizó a este diario: «Lo que más le sorprende a la gente, cuando le refiero algunas particularidades de las clases que tomé con von Karajan, es una cosa bastante curiosa: él raramente se inmiscuía en los detalles técnicos, nos dejaba hacer. Para él, su obsesión como maestro, como director, era hablar y saber cómo cada uno de sus discípulos entendía la música. Nos conocía por nuestra percepción de la música. Yo no recuerdo que jamás me indicase cómo marcar un tiempo, cómo hacerme entender por la orquesta. Eso lo daba por descontado».
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En su evocación de Von Karajan, el director español también recordó que «lo que le interesaba era el mensaje artístico, que cuidáramos el gesto, que si queríamos llevar una frase lo hiciéramos según las intenciones del compositor y no según nuestro criterio personal. El le daba suma importancia a lo que interpretaba como la intención del compositor. Alcántara, en su regreso al país, también recordó su amistad con el actual director del Teatro Colón, Tito Capobianco: «nos conocemos hace 30 años, ya hemos trabajado mucho en Europa y en Estados Unidos. Por ejemplo, cuando él era director general de la ópera Pittsburg, los últimos 15 años yo fui director principal de la ópera, es decir, tenemos una vinculación profesional y personal de muchos años. En Buenos Aires, la última vez que estuve aquí fue dirigiendo ópera, «Los Cuentos de Hoffmann», en 1981".
Muchos habitués especularon con la posibilidad de volver a escuchar al maestro Alcántara dirigir una ópera en el Colón. «No nos hemos reunido mucho, hemos tenido varias conversaciones, pero no hay nada definitivo», sale del paso, por ahora. En su concierto de esta noche, dirigirá una obra compleja pero con tantas grabaciones e interpretaciones históricas como la «Quinta Sinfonía» de Tchaicovsky. «No sé si será novedosa mi versión», comenta, «pero yo tengo mi propia convicción, mi propia forma de interpretar la música, y espero que exista algo que sea de suficiente interés para el melómano, creo que sí. Para mí, es la sinfonía más representativa de Tchaicovsky, pero aun obras como éstas, tan conocidas, exigen que me familiarice constantemente con ellas. Yo trato de encontrar nuevos toques, nuevos atenuantes en la música. En las grandes obras siempre se encuentran, el mundo de las dinámicas es tan enorme que se pueden crear unos colores totalmente nuevos, no sólo en la forma musical. Para mí, la música es pasión, mi forma de sentir, de concebir y de dirigir, no me importa admitirlo, es de gran pasión. La siento así, y entonces esta sinfonía, precisamente, se presta mucho a este tipo de convicción».
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