8 de julio 2005 - 00:00

Gran regreso de "El hombre de la Mancha"

La brillante actuación de Raúl Lavié no invalida la del resto del elencode esta producción que, sin traicionar el espíritu de la obra de Cervantes,la convierte en un gran espectáculo.
La brillante actuación de Raúl Lavié no invalida la del resto del elenco de esta producción que, sin traicionar el espíritu de la obra de Cervantes, la convierte en un gran espectáculo.
«El hombre de La Mancha» de D. Wasserman, M. Leigh y J. Darion. Prod.: A. y D. Romay. Dir. Gral. y coreog.: G. Zajac. Dir.: actores: D. Marcove. Esc.: M. Pont. Vest.: J. César y M. Begni. Dir. mus.: G. Gardelín (Teatro El Nacional, de miércoles a domingos).

A cuatrocientos años de la primera edición de «Don Quijote de La Mancha», y con la declarada intención de Alejandro Romay de reeditar un viejo éxito del teatro porteño tras veinticinco años de vigilia, es oportuna esta nueva producción de «El hombre de La Mancha», de Dale Wasserman, Mitch Leigh y Joe Darion, una comedia musical que ha recorrido el mundo y que tentó no sólo a intérpretes populares (recuérdese la versión grabada por Plácido Domingo) y en los más disímiles idiomas.

La traslación de un lenguaje a otro apela a la síntesis sin traicionar la esencia de la novela original. La filosofía hecha de idealismo y de ácida crítica hacia la sociedad de su tiempo han permanecido en el formato musical, y cierta actitud feminista que se desprende de la visión de Dulcinea coincide con la de un Quijote respetuoso de la condición de la mujer.

Bellas canciones mezcladas con violentos cuadros musicales, escenas colectivas y soliloquios se equilibran lúcidamente. La producción encarada ahora posee la solidez de la dirección conjunta de Gustavo Zajac (que con su visión coreográfica elaboró una puesta de aliento operístico y ritmo vibrante) y Daniel Marcove, que condujo a los actores logrango de ellos la carga emocional que exigen las acciones.

A todo esto se suma la misma preocupación y rigor en el aspecto visual (escenografía espectacular, magníficos diseño lumínico, vestuario y maquillaje) redondeando un espectáculo sin fisuras que deja en el espectador el sentido profundo de un texto capital y la emoción de una partitura que apela a los mejores sentimientos. La música dirigida por Eduardo Vaillant al frente de un valioso ensamble y las voces del elenco conforman un entorno sonoro digno del resto.

Indudablemente, la composición de
Raúl Lavié como el dual Cervantes-Don Quijote es la más completa. Ahí está su voz educada en el tango pero con la sensibilidad abierta a otros géneros y con una actitud honesta en la actuación para hacer de su personaje un paradigma. Su estupenda actuación no invalida la del resto de los intérpretes, sin embargo. Sandra Ballesteros le da calor y sentimiento a sus Aldonza y Dulcinea; Omar Calicchio aporta presencia y ternura a su Sancho Panza. El resto del elenco actúa y canta en consecuencia, sobre todo Martín O Connor, Laura Silva y Rodolfo Valss, por destacar a los más brillantes, mientras la bailarina flamenca Sibila refleja la magia de la tierra castellana.

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