19 de enero 2004 - 00:00

Grant: un impostor que no tuvo recambio

Grant: un impostor que no tuvo recambio
T odo en él era mentira, pero su carismática presencia obró el prodigio de que todo pareciera verdad. Archibald Alexander Leach, en cine Cary Grant, no nació con el smoking puesto y tampoco era norteamericano. Su humilde cuna profesional fueron el circo y el music-hall. Pero se convirtió en la figura emblemática de un Hollywood que, a 100 años de su nacimiento, sigue buscándole recambio. Fue candidato Rock Hudson y lo es ahora George Clooney.

El rey de la comedia americana y actor fetiche de grandes cineastas como Hitchcock, Cukor o Leo McCarey, nació el 18 de enero de 1904 en la localidad inglesa de Bristol. Su padre era un modesto planchador que solía ahogar las penas en alcohol y en lechos ajenos; la madre sufría transtornos mentales por la muerte de su primer hijo. Así que el segundo se vio superprotegido.

Cierto día, cuando Archie/ Cary regresó del colegio, le dijeron que mamá había muerto. Se encontró huérfano y sin cadáver que velar. Veinte años más tarde, al morir su padre y cuando Cary Grant ya era una estrella emergente, supo que su madre se hallaba recluida en un psiquiátrico. El actor le asignó una pensión y le compró una casa.

Grant
se inició como acróbata y artista de variedades: Hollywood aparecía como un sueño imposible. Actuó en musicales de Broadway y -en plena resaca de la Gran Depresión apareció en un cortometraje. Fue contratado por la Paramount. Hubo que buscarle un nombre, porque el de Archie Leach no gustaba a los directivos del estudio. Finalmente se escogió el apellido «Grant», que podía pronunciarse con acento americano. De nombre, «Cary». Y no por azar. Cary iba a heredar diversos papeles rechazados por Gary (Cooper, claro).

Un golpe de suerte catapultaría su incipiente carrera. Cierto día, se cruzó con la voluptuosa Mae West en un pasillo de la Paramount. Ella le dijo a su acompañante, un productor: «¿Quién es? Si sabe hablar, me lo quedo». Se lo quedó para dos películas: «Lady Lou» y «No soy un ángel».

Pero Cary Grant adquirió la condición de estrella con otra pareja, su amiga y confidente Katharine Hepburn, tras un primer encuentro en «Una muchacha sin importancia», de George Cukor, director fundamental en la carrera de ambos. La pareja Grant-Hepburn protagonizó algunas de las más memorables comedias de Hollywood. Casos de «Vivir para gozar» o «Pecadora equivocada», dos cumbres de Cukor. Y en «La adorable revoltosa», de Howard Hawks. Otro director decisivo en la carrera de Grant: también lo dirigió en «Sólo los ángeles tienen alas», «Ayuno de amor», «La novia era él» y «Vitaminas para el amor».

Pero Grant era mucho más que un comediante. Alfred Hitchcock se encargó de demostrarlo, descubriendo la cara oculta, y ambigua, de su compatriota en películas como «La sospecha», «Tuyo es mi corazón», «Para atrapar a un ladrón» e «Intriga internacional».

La Academia de Hollywood ninguneó a Grant concediéndole sólo dos infructuosas candidaturas al Oscar por sus interpretaciones en «La canción del recuerdo» (1941) y «Un Viene de Tapa desolado corazón» (1944), sendos melodramas dirigidos -respectivamente-por George Stevens y Clifford Odets. En 1970, siendo presidente de la Academia Gregory Peck, le fue concedido un Oscar honorífico. Se lo entregó Frank Sinatra.

Casado en cinco ocasiones (
«El divorcio es algo muy peculiar, pero acaba reduciéndose en un juego entre buenos abogados», dijo en una ocasión), sobre Cary Grant se cernió la sombra de una duda: la de su bisexualidad. El origen, las fotos de sus comienzos en Hollywood, cuando compartía casa con el actor Randolph Scott.

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