Al comenzar la temporada se inauguró Zabaleta LAB, una nueva galería dedicada al arte contemporáneo. Los artistas jóvenes que perdieron la posibilidad de exhibir sus obras en el Museo de Bellas Artes (centro de legitimación por excelencia), y en la Fundación Klemm (con la administración de la Academia de Bellas Artes), cuentan ahora con un nuevo espacio de 250 metros cuadrados al que se suman en estos días la reciente recuperación del Centro Cultural de España (ver vinculada) y la galería que acaba de abrir Daniel Abate.
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Ubicada en la curva de la calle Arroyo, la arquitectura de la galería, con sus salas con forma de naves, presenta ondulaciones, curvas y contracurvas que configuran una estructura armoniosa en contraposición a las paredes rectas. En la sala de ingreso se exhibe la impecable muestra del suizo Segismond de Vajay, y en el blanco y espacioso subsuelo, la muestra «El oído» de Silvia Gurfein, que conjuga de modo especial con la arquitectura.
En esta exposición, Gurfein asocia sus abstracciones a la música y le encuentra un sentido a su obra. Ya no ese trata tan sólo la belleza del color y la forma, sino que la artista sigue al pie de la letra la lección de Kandinsky, quien teniendo en cuenta que la música es la más abstracta de las artes, señala: «Es comprensible que los artistas se inclinen hacia ella para buscar modos expresivos similares a su arte. Por esta razón en la pintura actual existe una búsqueda del ritmo, una construcción matemática y abstracta, y se valora en ella la dinamización del color».
Como respondiendo a estos postulados, las barras de colores tierras, rojos y azules de Gurfein establecen una correspondencia con la música, reforzada con una escultura que evoca vagamente la forma del oído. Así, los trabajos recuerdan el p r i n c i p a l fundamento para el desarrollo de la pintura abstracta de Kandinsky: «El mundo suena». Tres palabras que invitan a representar visualmente las sensaciones simbióticas que suscita en el pintor una composición musical.
En el catálogo, el texto de Alan Pauls destaca que Gurfein es sinestésica (es decir, que puede establecer equivalencias entre percepciones sensoriales diversas, como la vista y el oído, o la pintura y la música), y describe el fenómeno de su «audición coloreada», «un mal que es menos un lastre que un lujo raro y exquisito: las cosas le entran como música y le salen como pintura». Pauls cuenta que la artista lo invitó a «ver» una canción, y luego, para referirse a ese «latido» de la pintura, a las vibraciones y resonancias, descubre similitudes entre los cuadros y el dibujo de un electrocardiograma.
Es que asemejándose en parte a los registros de los aparatos que suelen representar gráficamente el sonido -mencionados por el escritor-, la mirada musical de la artista es más rítmica que melodiosa, más monótona que arrebatada o nostálgica, en suma, más actual.
Finalmente, se trata de una muestra de impecable calidad, donde se advierte que las cualidades sensibles pesan tanto como la inteligencia.
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