14 de enero 2005 - 00:00
"Hacer autobiografía no me divierte ni me tienta"
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Oscar Martínez no actúa en su obra «Ella en mi cabeza», que también dirige, cosa que hará también en España, donde ya le compraron los derechos.
Periodista: Escribir teatro fue uno de sus secretos mejor guardados. ¿Por qué esperó tanto para sacarlo a la luz?
O.M.: Jack Lemmon también tenía fama de actor serio y fue uno de los mejores comediantes del mundo. No hay por qué disociar. Además, yo trabajé en muchas comedias como «El protagonista ante el espejo», «El último de los amantes ardientes», «Locos de contento»...
P.: También actuó y dirigió «Humores que matan». ¿Por qué no quiso actuar en «Ella en mi cabeza»?
O.M.: Le digo la verdad, yo actué en «Humores que matan», porque si no, el productor y director del Paseo La Plaza, Pablo Kompel no me dejaba dirigirla. Así que me reservé los papeles más chicos de esas tres obras, que estaban magníficamente escritas por Woody Allen, David Mamet y Elaine May. Fue por eso que actué, y ahora tampoco tengo el deseo de actuar en esta obra, porque cada vez me inclino más a dirigir.
P.: Cuando Carmen Maura vio su puesta de «Humores que matan» le pidió que la dirigiera en la comedia de Neil Simon «Bienvenida a casa» ¿Fue difícil trabajar con ella?
O.M.: Sí, fue difícil. Lo que pasa es que yo me enteré después que ella no tenía experiencia teatral. No había hecho teatro en su vida, y en ese sentido no fue sencillo dirigirla, porque ella no es, en el escenario, el tamaño de actriz que es frente a una cámara de cine.
P.: ¿En qué circunstancias transcurre «Ella en mi cabeza»?
O.M.: Salvo dos pequeñas escenas reales, todo transcurre en la cabeza del protagonista, en su subjetividad. El está en una crisis muy grande y lo que exploramos es ese momento: la noche en vela que pasa ese hombre, en donde se produce una pequeña vuelta de tuerca que le permite ver que aumentó un cachito su grado de conciencia respecto de sí mismo, de su mujer... y, en general, respecto de todo. Cuando termina la obra no se sabe qué va a pasar, ni si se va a separar o no, porque todo esto lo vivió en forma virtual.
P.: ¿Hay algo de su experiencia de vida en esta obra?
O.M.: Lo autorreferencial es inevitable porque uno trabaja con su imaginario, su emoción, su conocimiento, con lo que ha reflexionado sobre su propia experiencia, y con su sensibilidad y sus gustos estéticos. Entonces, uno aparece, sin duda, pero otra cosa es que haya elementos autobiográficos, eso no me divierte ni me tienta, así que esta obra no tiene nada de autobiográfica. En ella se mezclan mi visión sobre los equívocos del amor, mis fantasías y fantasmas, nunca mis opiniones racionales, eso sería aburridísimo y yo quiero que esta obra sea divertida, creíble, interesante y conmovedora en la medida de lo posible. No es costumbrista y tampoco es una observación pintoresca sobre conductas urbanas, es otra cosa.
P.: Juan Leyrado interpreta a un psicoanalista ¿Qué lugar ocupa este personaje?
O.M.: El terapeuta también aparece en un terreno virtual, nunca se lo ve a Julio Chávez en el consultorio de su analista. Lo que yo imaginé es que el personaje de Leyrado, encarnara a muchos otros fantasmas del protagonista: el padre, un hermano, alguien con quien ha competido o compite...
P.: ¿Por qué cree usted que le pidieron que también dirija la versión española de su obra?
O.M.: Ellos dicen que es muy argentina. Cosa que me sorprendió porque no es una obra costumbrista. Sin embargo para ellos es muy argentina. Esa no fue muy intención, pero bueno yo soy un producto de este país por más que me guste Beckett o el cine de Ingmar Bergman. Inevitablemente, todo pasa por el tamiz cultural del ser que uno es.
Entrevista de Patricia Espinosa



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