12 de enero 2004 - 00:00
Hay buen arte con forma de Escombros
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Escombros se formó en 1988 con la participación de varios artistas y, aunque actualmente está integrado por José Altuna, Claudia Castro, Horacio D'Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, se propone como un conjunto abierto. Así lo explican en su primer manifiesto, «La estética de lo roto» (1989), «Somos un grupo abierto y horizontal. La cantidad de nuestros integrantes no es fija ni tiene límites. Todos, sin excepción, tenemos derecho a opinar y decidir».
En el segundo manifiesto, «La estética de la solidaridad» (1995) el grupo sostenía que «El artista solidario es un testigo de cargo. Es el dedo acusador que le señala a la sociedad, el mayor de sus delitos: la indiferencia». En «La estética de lo humano» (2000) afirman «El arte que no sirve para la vida está muerto». Ligada a los conceptos de este manifiesto, «País de lágrimas», es otra de las obras expuestas, donde las lágrimas representan la desigualdad y la exclusión social. El agua en las bolsas de polietileno, alude a las lágrimas de los desprotegidos y olvidados de nuestro tiempo.
En su «Estética de la resistencia» (2003) dicen «En el arte de la resistencia no hay espectadores. Se hace entre todos o no se hace».
Afirmaciones como éstas acercan las propuestas del grupo a las reflexiones de Joseph Beuys (1921-1986). Si todo artista verdadero es hijo de su tiempo, Beuys, que desarrolló su obra en la segunda mitad del siglo XX, lo fue como pocos. Beuys deseaba el renacimiento de la humanidad a través del arte, es decir, con la movilización de aquella energía creadora que cada hombre trae al mundo, según él lo reiteraba.
Esa fuerza poderosa impulsa la transformación de las sociedades en lo político, lo económico y lo cultural, venciendo obstáculos y fronteras. Por tales razones «es preciso que el artista, que ante todo es un hombre, fuese inmediatamente después un ciudadano». Así trabajó Beuys y el suyo es, en este sentido, un caso único en nuestro tiempo: el del artista como ciudadano.
La obra de este gran creador alemán adquiere una dimensión especial que la torna resistente a cualquier tentativa de encasillamiento o categorización. Creía en lo que creaba, y creaba para aquello en lo que creía: he ahí, en resumidas cuentas, la ideología de Beuys. Pero creía en la libertad y la paz, y buscaba, de manera incesante, representarlas.
Por ello, de todas las fuentes beuysianas, el chamanismo es quizá la más decisiva, porque entraña desenvolvimiento y transformación, una alquimia mística, pero también práctica. Indiscutiblemente el artista es algo así como el chamán de las sociedades contemporáneas. Si bien el chamán no produce objeto alguno -en las sociedades primitivas, era poeta y alfarero-, trabaja, como el artista, en una actitud de entrega a su comunidad.
Con este compromiso, despierta en los demás conductas receptivas a sus mensajes, de modo similar al artista y sus obras, que sólo son tales cuando el espectador las comprende y las internaliza. En el grupo Escombros, «la contribución de la gente ha sido siempre un rasgo esencial para sus propuestas», dice Rodrigo Alonso en el prólogo a la muestra, «incluso en aquellas realizadas para salas de exposición u otros ámbitos. En cada una de sus exhibiciones, la presencia de los miembros del grupo es indisociable de las obras, ya que ambos forman parte del mismo proceso de pensamiento. Así lo demuestran las múltiples acciones que forman parte del repertorio del grupo. Se trata, en gran medida, de poner el cuerpo, (...)».
Prueba del reconocimiento que ha alcanzado Escombros son las invitaciones que han recibido para presentar sus obras en dos importantes espacios, en el curso de este año.




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