Lo que ofreció el trío de Roy Haynes en el hotel Sheraton, frente a un salón repleto, fue excelente. Claro que, si se lo compara con lo que hicieron el pasado vera-no en el festival de Punta del Este dos de estos músicos (con Christian McBride en el contrabajo en lugar de John Patitucci) aquella presentación fue superior.
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En Punta del Este, el eje había estado en el jazz latino, un terreno en el que el pianista panameño Danilo Pérez pisa muy fuerte y en el que sus dos compañeros parecían sentirse muy cómodos. En este caso, y con un flamante disco del grupo para presentar, el centro estuvo puesto en el bebop -con algunas escapadas hacia un jazz más moderno-, aunque debería decirse que trabajaron en sus dos sets casi como si se tratara de una jam session, con la improvisación permanente como patrón.
El bostoniano Roy Haynes (75 años) es una de las glorias vivientes del jazz. Tocó, entre muchísimos otros, con Louis Armstrong, Billie Holiday, Lester Young, Charlie Parker, Bud Powell, Thelonious Monk, Lennie Tristano, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Sonny Rollins, Stan Getz, Sara Vaughan, Gary Burton, Chick Corea, Pat Metheny, Michael Petrucciani y John Coltrane.
Sabe, y deja traslucir toda esa sabiduría, con un toque delicado que sólo a ratos se hizo enérgico y con un control de los ritmos y de los timbres que sorprende, no solamente desde el punto de vista técnico.
A pesar de ser mucho más joven y todavía menos ilustre, Danilo Pérez es mucho más conocido por el público argentino, y también hizo gala de su talento improvisando, acompañando los solos de los otros músicos o participando de un dúo brillante con Patitucci. El contrabajista también cumplió con su parte, con una afinación impecable y con un perfecto concepto de la armonía, a lo que sumó algunos muy buenos solos. Sin embargo, aunque no es posible hacer grandes cuestionamientos a este concierto, podría decirse -sobre todo si uno tiene la posibilidad de establecer comparaciones con ellos mismos-que le faltó un poco de entrega.
Hubo sangre y swing pero en dosis menores a lo que podía esperarse. Hubo perfección técnica y coherencia estética pero menos calor que en otras oportunidades. Por eso, seguramente, la mejor sensación se la llevaron aquellos que escucharon a este trío por primera vez.
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