26 de septiembre 2003 - 00:00

Hoffman, lo mejor, pero aparece poco

Hoffman, lo mejor, pero aparece poco
«Ambiciones secretas» (Confidence, EE.UU., 2002, habl. en inglés). Dir.: J. Foley. Guión: D. Jung. Int.: E. Burns, R. Weisz, A. García, D. Hoffman, P. Giamatti, L. Guzmán.


Este pasatiempo de estafadores chicos metidos en algo grande tiene un estilo formalmente ingenioso: empieza por el final, con el narrador en off mostrando lo que puede ser su trágico futuro, e inmediatamente retrocede en el tiempo y va contando cómo llegó hasta ahí. Se lo cuenta un poco al público, y otro poco a un negro grandote que le está apuntando con un revólver.

Garantizada la expectativa, el relato también garantiza unos cuantos giros engañosos, y una edición bien agitada, como para estar a tono con el carácter nervioso y ostentoso de los personajes, y tapar de paso los varios puntos débiles que tiene el argumento, disparado a partir del forzoso compromiso de los nuestros con un mafioso « independiente».

El problema es que con tanta agitación, algunos espectadores apenas alcanzan a leer los subtítulos, y entonces se pierden de ver las chicas bonitas que, también apenas, pasan frente a la cámara. Otro problema: es difícil engancharse con los personajes principales, y uno termina agradeciendo si los matan, así se quedan un rato quietos y callados aunque se les ensucien las pilchas, porque, en cierto aspecto, más que un policial esto pareceun desfile de modelos masculinos. Quizá por eso, y porque en cualquier escenario les da vuelta y media, lo mejor de la cinta es la aparición del petiso Dustin Hoffman como un grasa viejo, canchero de veras y no de pose. Pero aparece muy poco.

Del resto, vale señalar algunos recursos atractivos, tales como el modo en que alguien cuenta su plan para timar a un lavador de dinero mediante la triangulación con dos bancos extranjeros. Como enfocar al tipo hablando sería harto aburrido, acá se optó por un relato lleno de fundidos, donde aparecen o desaparecen lugares y personajes a medida que el hombre va desgranando su plan. Algo así como el capítulo «Historia de un departamento», del brasileño «Ciudad de Dios», pero con más locaciones. Al autor le cabe, sin embargo, la advertencia que el personaje de Hoffman le da al protagonista: «El estilo puede matarte».

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