20 de diciembre 2004 - 00:00

"Hoy es difícil formar talentos"

Alberto Lysy: «Hay varios músicos clásicos que se acercan a lo popular pero no por necesidades artísticas sino para vender discos».
Alberto Lysy: «Hay varios músicos clásicos que se acercan a lo popular pero no por necesidades artísticas sino para vender discos».
Hace mucho que el violinista argentino Alberto Lysy vive en Europa. Sin embargo, nunca ha perdido contacto con el país. Conserva su casa en el barrio de Palermo -muy cerca de «Canal 7»- y su lugar de descanso en Cariló. Sus visitas a Buenos Aires y a otras ciudades argentinas son permanentes. Preocupado por las cuestiones sociales y por la docencia, en la misma línea que su maestro, Yehudi Menuhin, vuelve reiteradamente en busca de violinistas destacados para llevar a su academia en Suiza, o para hacer conciertos que, la mayoría de las veces, están relacionados con causas benéficas.

Ahora, su paso por Buenos Aires coincide con un concierto, integrado por obras de Bach, Mozart, Falla, Gil, Bloch, Lysy y Gianneo, y con el acompañamiento de la pianista Paula Peluso, que hará mañana a las 20.30 en el templo judío de Libertad 769 a beneficio de CETRA (Centro para el tratamiento de las adicciones).

«La droga sigue siendo un problema muy serio»
-dice el violinista en el comienzo de su diálogo con este diario. «Es algo contra lo que no podemos bajar la guardia. El hecho de que hagamos este concierto en una sinagoga no tiene nada que ver con cuestiones comunitarias o religiosas; por el contrario, será un acto ecuménico».

Periodista
: ¿Siempre incluyó lo social en sus programas docentes?

Alberto Lysy: Es parte de mi vida. Con la Fundación Lysy, que tengo en Suiza, intentamos apoyar a músicos para que completen su formación y lo social forma parte de sus preocupaciones. Ya Menuhin, que tenía su asociación, hacía conciertos en hospitales, en cárceles. Y actualmente en Suiza, donde estoy a cargo de la Academia Menuhin, trabajo con Solidarité Argentine para hacer conciertos o discos, para ayudar a instrumentistas argentinos.


P.:
¿Cuál es el obstáculo más grave en la educación musical argentina?

A.L.: La realidad de los conservatorios es muy dura. Los maestros están mal pagos y tienen montones de alumnos en cada clase. Así no hay manera de que un talento pueda desarrollarse. En una clase de 20 minutos, que es lo máximo que puede tener un profesor con un alumno a solas, apenas alcanza el tiempo para afinar el violín. La única manera es estudiar en clases particulares que no todos pueden pagar. Así se va desangrando el país; la gente capaz y talentosa termina emigrando. Mi sueño sería tener aquí una academia como la que tengo en Suiza, para estudiantes avanzados.


P:
¿Cómo funciona esa academia?

A.L.: Es para músicos ya formados que vienen a especializarse desde distintos lugares del mundo. Y por supuesto, no tiene la regularidad de la escolaridad; otros profesores invitados y yo les damos clases magistrales. Y puedo decir con orgullo que varios de los primeros violines de las orquestas argentinas pasaron por nuestra academia.


P.:
¿Contempló alguna vez la idea de volver a radicarse en el país?

A.L.: Vivir en Suiza me da más posibilidades de trabajar. Me permite viajar; las distancias hacia las más importantes ciudades de Europa son muy cortas.Y no me complica para hacer cosas para la Argentina; de hecho vengo tres o cuatro veces por año.


P:
¿Cómo ve el acercamientoque han tenido en los últimos tiempos muchos músicos clásicos hacia la música popular?

A.L.: Si ese acercamiento es artístico, genuino, está bien. Pero lo que siento es que muchos de los músicos clásicos que se acercan a lo popular lo hacen por dinero. Es una buena manera de vender discos. No quiere decir que un músico clásico no pueda tocar otras músicas; de hecho yo he sido muy amigo del querido José Libertella, y he tocado con el Sexteto Mayor. Pero una cosa es hacerlo por placer y otra cuando el objetivo es sólo vender más tickets.


Entrevista de Ricardo Salton

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