"Hoy se descuida a los jóvenes"

Espectáculos

La dramaturga y directora Gladys Lizarazu estrenó en el Teatro San Martín su espectáculo «Agua» cuya acción se desarrolla en el conflictivo verano porteño que siguió a la caída de Fernando De la Rúa. La obra narra las aventuras de un disc-jockey y de su grupo de amigos, todos ellos frecuentadores del circuito de raves y adictos al consumo de «éxtasis», una droga que les permite alcanzar un alto grado de comunión erótica y disfrutar de una supuesta armonía colectiva. En contrapartida, la pieza expone la ambigua relación entre una anciana (vecina del disc-jockey) y su sobrino, un hombre ya maduro que tuvo una arriesgada militancia política en los años 70. Pese a sus costados oscuros, el vínculo entre ellos encierra una historia de amor mucho más firme y profunda que la que podrían tener cualquiera de estos jóvenes. «Escribí esta obra para la gente común», señala la autora. «Más allá de su referente político es una obra sobre la vida cotidiana, el ocio, el amor, la melancolía, la fiesta y todo lo que nos pasa.» «Agua» dipone de un montaje multimedia que incluye proyecciones y cámara de video en vivo: «Trabajé con una puesta mediática porque me interesa atraer a un público joven, no necesariamente el que está acostumbrado a ver teatro.» explica Lizarazu. El elenco está integrado por Graciela Araujo, Fernando Llosa, Isabel Quinteros y Martín Salazar entre otros. La autora escribió «Agua», en 2002, como artista residente del Royal Court Theatre de Londres, donde posteriormente se exhibió traducida al inglés en un semimontado.

También estrenó «Woman in window» en la Shaubühne de Berlín (Alemania) y en el Gran Teatro de Groningen (Holanda). En Buenos Aires ya se conocieron dos obras suyas: «Considera esto» (estrenada en el Teatro Cervantes con dirección de Diego Kogan) y «Tres», dirigida por ella misma en el Espacio Callejón.

Periodista:
¿Por qué eligió hablar de esta droga a la que Charly García le dedicó una canción?

Gladys Lizarazu: Me interesó hablar del tema en un sentido metafórico. El éxtasis marca un estilo de comunicación, ya que estimula los deseos eróticos y acentúa la percepción de la música creando la ilusión de que uno está unido a toda esa multitud que lo rodea. Este disc-jockey y sus amigos llevan un ritmo de vida muy agitado y fuera de la realidad, es como si entraran en una falsa fiesta en la que disfrutan de un bienestar construido artificialmente. Después la caída es terrible.


P.:
En la obra usted contrapone a dos generaciones.

G.L.: Sí, me interesó presentar la dicotomía de esos dos mundos. Por un lado la historia de Aurora y su sobrino, donde asistimos al pasado de esta relación que es una suerte de amor platónico, como se amaba en otra época. La obra también habla de lo intenso que es el amor para la gente grande, por más oscuro y enfermo que éste sea; mientras que para los jóvenes se vuelve una abstracción inalcanzable. De ahí que se vuelquen a esa fiesta artificial de besos y abrazos, que los exime de intentar un vínculo más duradero y profundo.


P.:
¿Investigó personalmente el circuito de las raves?

G.L.: Sí. Yo ya conocía ese ambiente desde hace tiempo y decidí mostrárselo a los chicos del elenco para que empezaran a construir sus personajes.Así que en diciembre, antes de que se impusiera la veda por el desastre de Cromañón, fui con ellos a varios festivales de música electrónica y quedaron muy sorprendidos por lo que vieron. Es que si uno no está «colocado», resulta muy fuerte observar toda esa euforia masiva, ese desborde afectivo que hace que la gente sienta que todo está bien y que son todos amigos. Es gente muy joven que no hace otra cosa que esperar el fin de semana para ir de fiesta. Y después el miedo al bajón los hace permanecer juntos. La idea es que no se vaya nadie y seguir en el espacio del «chilled out» para que la bajada de la droga no los encuentre solos.


P.:
Y ese ambiente funciona dentro de la obra como una metáfora de la Argentina de hoy...

G.L.: Exactamente. Y los que peor la pasan son los adolescentes. Si ya a esa edad uno anda deprimido sin saber qué va a hacer de su vida, imagínese cómo puede sentirse un adolescente de hoy en una sociedad sin valores, sin proyectos a futuro, que dicta leyes de una manera torpe e improvisada y que no cuida a su jóvenes.


Entrevista de Patricia Espinosa

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