Tras varios años de ausencia, volvió a Buenos Aires el estupendo conjunto italiano consagrado a la música de los siglos XVII y XVIII que interpreta con instrumentos de época.
«Il Giardino Armonico». Director y flauta: G. Antonini. Violín: E. Onofri. Obras de Sammartini, Haendel, Locatelli y Vivaldi. (Teatro Colón, 11 de julio.)
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Luego de varios años de ausencia, el ciclo «Nuova Harmonia» produjo el regreso de «Il Giardino Armonico», uno de los mayores conjuntos historicistas de la actualidad. Lo dirige Giovanni Antonini, quien además actúa como flauta solista. Fundado en Milán en el año 1985, desde entonces estuvo conformado por un calificado grupo de jóvenes músicos que utilizan instrumentos de época.
Llamado por los más importantes festivales internacionales, «Il Giardino Armonico», realiza permanentes giras por el mundo, ha grabado innumerables discos con música de los siglos XVII y XVIII y además participa de producciones operísticas y oratorios o acompaña a grandes cantantes como Cecilia Bartoli o Sumi Jo.
El recital que nos ocupa incluyó una serie de conciertos, algunos para solistas y cuerdas, de autores del Barroco, fundamentalmente italianos. Giuseppe Sammartini, Pietro Locatelli y Antonio Vivaldi fueron algunos de los creadores abordados a través de obras significativas de sus estilos diversos y complemtarios, según ciertos códigos estéticos de la época, tanto en el tratamiento instrumental, rítmico o expresivo.
En las ejecuciones del ensamble italiano siempre se percibe originalidad y carácter. Merced a una conducción precisa y profundamente conocedora como la de Antonini, sus integrantes equilibran las fuerzas provenientes de los «tutti» y de los «solos». Es muy grato comprobar la búsqueda de rigurosidad de cada uno de los instrumentos, que integrados en el conjunto, rinden como un todo dialéctico. La racionalidad del Barroco, las indagaciones formales, la limpieza y la exacta exposición de las simetrías conducen a una estética cristalina de la época, en interpretaciones donde no está ausente ni la fantasía, ni la creatividad ni la identificación con la naturaleza y sus fenómenos. Basten como ejemplos de la impecable ejecución del conjunto milanés el Concierto de Locatelli , «Il pianto di Arianna», con sus exigencias atmósfericas y dramáticas o los Conciertos para flauta, cuerdas y bajo continuo de Vivaldi junto a su Concierto con violín solista, «Prete rosso», con excepcionales trabajos de dos virtuosos de alto vuelo: el mismo Antonini en «flautino» y Enrico Onofri en violín. Un genuino placer musical.
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