16 de noviembre 2006 - 00:00

Ingeniosa versión de "Lisístrata"

Paula Ransernberg (Lisístrata) se revela como una grancomediante al frente del buen elenco de esta versión vodevilescade la ya nada pudorosa obra de Aristófanes.
Paula Ransernberg (Lisístrata) se revela como una gran comediante al frente del buen elenco de esta versión vodevilesca de la ya nada pudorosa obra de Aristófanes.
«Lisístrata» de Aristófanes. Versión: R. Roca. Dir.: C. Tolcachir.Int.: P. Ransernberg, I. Lavalle, L. Perotti y elenco. Mús. Orig.: F. Marrale. Coreog.: M. Cartes. Vest.: F. Lamanna. Dis. Luces: O. Posemato (Timbre 4.)

El humor picaresco de esta comedia representada por primera vez en el año 411 a.c., gana en delirio y dinamismo en esta nueva puesta de Claudio Tolcachir («La omisión de los Coleman») protagonizada por un entusiasta elenco de 18 intérpretes.

La versión de Rodolfo Roca se toma todas las libertades posibles tanto en el texto como en la estructura de la obra y el perfil de los personajes. Se disolvieron los coros en favor de las individualidades y el conciliador happy end del original fue reemplazado por un final más abierto y menos optimista.

La historia es conocida: los hombres de Esparta y Atenas se enfrentan en una guerra sin fin por el control de la hegemonía griega, hasta que una mujer, decidida y enérgica, organiza una huelga de sexo junto a las esposas de ambos bandos para que sus maridos depongan las armas. Es una prueba durísima tanto para los hombres como para estas sufridas pacifistas a las que les sienta muy mal la prolongada abstinencia. Lisístrata debe recurrir a todo su ingenio y capacidad de liderazgo para controlar la ofensiva masculina y el creciente apetito sexual de sus aliadas, además de la homosexualidad forzosa que empieza a cundir entre los dos ejércitos.

Tolcachir le imprimió un ritmo vodevilesco a la pieza explotando al máximo la comicidad de cada escena.

Tanto los cuadros musicales, que evocan el cabaret berlinés, como la ingeniosa utilización de anacronismos hacen que la puesta gane en frescura y logre explotar con buen gusto un humor de neto corte popular. El vestuario y la escenografía también responden a la idea de pastiche que domina la puesta. En ambos rubros prevalece el desorden, la mezcla de materiales y hasta cierto aire de feria americana.

Pese a los siglos transcurridos el texto de Aristófanes no es apto para pudorosos, basta con recordar que por indicación del autor el elenco masculino portaba en escena unos falos descomunales que ponían aún más en evidencia las postergadas necesidades de estos guerreros. Tolcachir, en cambio, transformó las escenas de sexo casi en una parodia de cine porno que arranca carcajadas a toda la platea. Sirva de ejemplo la gimnástica escena de cama que protagonizan Inda Lavalle y Lautaro Perotti.

Tal vez por las características de la obra el elenco femenino tiene una participación mucho más destacada, aunque también merece distinguirse el simpático desempeño de Maxime Segué en el rol de «emisario espartano trilingüe». Pero la gran revelación de este elenco es la actriz Paula Ransernberg, que luego de protagonizar un delicado drama de amor incestuoso («Las hojas más verdes de los árboles») se revela aquí como una extraordinaria comediante.

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