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De la misma manera que los artistas del 500 no se proponían descubrir sino destacar de manera relevante el sentido dramático de los temas, la obra de este grupo logra impresionar al contemplador. Particularmente por el predominio del cuerpo humano, tratado sin concesión alguna. A veces con un dejo de belleza clásica, otras, de manera sangrienta. No debe el contemplador asustarse de la sangre. En el arte gótico, en una tapicería del Apocalipsis, San Juan ve al ángel que presenta al demonio un racimo de uvas para arrojarlo en la tina que luego se desbordará como río de sangre. Y en el claustro de Notre-Dame, segunda mitad del siglo XIII, está Informate más
Recurren a la apropiación de ismos del pasado y a imágenes del presente, por ejemplo, la del Papa, una foto reciente que recorrió el mundo y que lo muestra extremadamente debilitado. Pero el artista la modifica y cambia su sentido cuando aparece flanqueado por dos niños desnudos. Niños que en otras obras son mostrados como ejemplo del maltrato o dominación que se ejerce sobre ellos y cuyo antecedente son las leyendas de cuentos de hadas. Muestran la tortura, como también lo hicieron los flamencos, Como si recorriéramos esas salas de los museos, hay retablos, paisajes con «vedutas», personajes vegetales con ojos vacuos, habitantes del Infierno y del Paraíso, gólgotas contemporáneos, una cruza de magia, fe religiosa, misticismo, una conjunción entre lo sagrado y lo profano, además de una idolatría de lo monstruoso.
Un arte bizarro, revulsivo, que ha existido desde siempre y que, como en la antigüedad, esconde una revelación; no debe olvidarse que los monstruos guardaban la entrada de los lugares sagrados.
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