4 de agosto 2005 - 00:00

Isabel Allende, ahora con la mira puesta en Hollywood

IsabelAllende, con«El Zorro:comienza laleyenda»,apenasoculta suintención dequeHollywoodla lleve alcine.
Isabel Allende, con «El Zorro: comienza la leyenda», apenas oculta su intención de que Hollywood la lleve al cine.
La novelista chilena Isabel Allende (Lima, 1942), una de las autoras en español más vendidas del mundo, ha cambiado de registro en su nuevo libro, «El Zorro: comienza la leyenda», al estilo, digamos, de «Batman incia». Los comienzos de uno de los héroes de ficción más conocidos del mundo, el enmascarado que defendía a la población de los abusos de las autoridades en la California española.

Dialogamos con ella desde su residencia en Sausalito

Periodista:
Pero ¿cómo se le ocurrió ocuparse del Zorro?

Isabel Allende: La idea no se me ocurrió a mí. El personaje fue creado en 1919 por un autor americano de novelas populares. Un tal Gertz compró los derechos y enseguida los negoció con Disney para hacer las series de televisión y las películas que todos hemos visto.

Actualmente, los derechos volvieron a la familia Gertz y ellos se pusieron en contacto conmigo en el verano de 2003 para pedirme que escribiera una novela sobre el Zorro. Al principio me sentí ofendida: «¡Qué se ha imaginado esta gente! Yo soy una escritora seria y no escribo por encargo!». Pero después me puse a estudiar la época, comienzos del siglo XIX, y decidí aceptar el desafío.

P.:
¿Qué base histórica real tiene?

I.A.: El Zorro nunca existió, fue creado por Johnston McCulley y lanzado a la fama por el actor Douglas Fairbanks, quien hizo una película muda.


P.:
¿Es el héroe hispano de EE.UU.?

I.A.: El Zorro es un héroe internacional. ¿Sabe que 64% de los chinos lo conocen? En Alemania la cifra sube a más de 90%. Abuelos y nietos aman al Zorro por igual. Pero sí, es un héroe hispano y, por lo tanto, sigue siendo muy querido por los inmigrantes en California y EE.UU.


P.:
Su personaje está a caballo entre la cultura americana y la indígena, ¿se siente usted, residente en EE.UU., también entre dos aguas?

I.A.:Yo me encuentro entre muchas aguas. Mis padres eran diplomáticos, de modo que pasé la infancia viajando. Después del golpe militar en Chile (1973), me tocó ser refugiada política en Venezuela. Más tarde me enamoré de un americano y terminé convertida en inmigrante en Estados Unidos.


P.:
¿Es verdad que tomó usted clases de esgrima para escribir el libro, como los actores?

I.A.: Estudié manuales de esgrima y asistí como espectadora a un par de clases solamente, para ubicarme con los movimientos, que debía describir en la novela. Pero no sabría defenderme con un florete.


P.:
¿No cree que el heroísmo personalista que encarna el Zorro está en crisis?

I.A.: El mundo está lleno de Zorros, tanto mujeres como hombres que se dedican a hacer el bien, a defender a los débiles, a cuestionar la autoridad... Son héroes anónimos, que tal vez no tienen la teatralidad y el encanto del Zorro, pero son indispensables en cualquier sociedad. Por cada malvado, hay mil personas decentes dispuestas a sacrificarse por sus ideales, pero sabemos poco de ellas. El mal es escandaloso, el bien es discreto.


P.:
¿Qué importancia tiene el amor?

I.A.: En todos mis libros el amor tiene un papel fundamental, porque creo que es la más importante motivación del ser humano, más que el miedo o la codicia. Por amor hacemos cosas increíbles. No me refiero sólo al sexual, sino al amor de madre, de amigos, de compañeros, a la justicia, a la naturaleza, etc. En la novela no pude evitar que el Zorro fuese romántico, pero lo hice enamorarse de mujeres que no corresponden a sus sentimientos. Al hacerlo desdichado en amores, es más simpático y vulnerable. Habría sido terrible un Zorro como James Bond. ¡Qué mal me cae ese tonto de James Bond!


P.:
¿No teme que adoptar un personaje de literatura popular le granjee la animadversión de los críticos?

I.A:: Hago cada libro por el puro placer de escribir. Si me preocupara de la crítica, no volvería a escribir ni una sola palabra.


P.:
¿Qué opinión tiene de la obra original?

I.A.: No tuvo pretensiones literarias. McCulley escribió cientos de novelas populares, folletines y guiones de televisión. Era un hombre muy imaginativo y un trabajador incansable, que jamás se planteó ocupar un sitial en las letras universales. Tal vez en eso reside su mayor encanto.

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