25 de mayo 2001 - 00:00

Isabel Sarli habla hasta del Che para documental inglés

Una de las entrevistas.
Una de las entrevistas.
En un cuadro prolijamente enmarcado, ordenados por orden alfabético, aparecen en rutilantes letras pop los nombres de todos los astros contratados por la Columbia Pictures en otros tiempos: Julie Christie, John Gielgud, Isaac Hayes, Terence Hill, Peter O'Toole, Barbra Streisand, Max Von Sydow, Lino Ventura. Y por supuesto, en medio de todos ellos no podía faltar la más taquillera estrella sexy internacional del estudio: Isabel Sarli.

Nos encontramos en la casa de la mayor diva erótica nacional que, entrevistada por periodistas del Canal 4 londinense para «Mondo Macabro», un programa sobre cine erótico y bizarro argentino (para el cual también entrevistaron al director Emilio Vieyra, en este momento un cineasta de culto gracias a la difusión internacional de películas de terror clase B como «La venganza del sexo» y «Placer sangriento») sorprende con un correctísimo inglés. «Please, don't call me Mrs. Sarli. It's Isabel, or Coca...! Hace unos 20 años que no puedo practicar el inglés. Lo aprendí en la Cultural inglesa que estaba cerca de la Plaza San Martín.»

Este diario fue el único medio argentino que participó de las entrevistas -que incluyeron al músico de films de Vieyra y Armando Bo, Horacio Malvicino, también conocido como Alain Debray-que formarán parte del documental realizado por los especialistas Pete Tombs y Andy Clarke. Seguramente, el hecho de volver a hablar en inglés, idioma que tenía que usar necesariamente en sus constantes viajes por el mundo acompa-ñando las películas de Armando Bo para Columbia Pictures, le recordó a la máxima diva del erotismo criollo anécdotas muy poco conocidas, que incluyen temas y personajes tan heterogéneos como el Che Guevara, Stewart Granger, el extraño caso de la censura a escenas de sexo con animales, Robert Aldrich, el lujo de las fiestas de los Marcos en Filipinas y las curiosas historias vividas en sus viajes por Oriente.
«Esa estatua de madera es un premio que nos dieron por el éxito de nuestras películas en las Filipinas», contó Sarli, por ejemplo. «Una vez fuimos a una fiesta del presidente Ferdinando Marcos... nunca vi nada igual, había una fuente que en vez de agua tiraba champagne!».

Previsiblemente, en un principio las preguntas tocaron temas muy conocidos para el público argentino, como las mentirillas de Armando Bo para lograr el legendario desnudo de Isabel en «El trueno entre las hojas», las eternas luchas con la censura, y el desprecio del establishment cultural que nunca logró detener el enorme éxito popular en la Argentina, ni la contundente carrera internacional de sus películas. La novedad es que por lo general lo narraba todo en inglés, por lo que muchas veces los ingleses debían parar la toma para pedirle que retome el relato en castellano. «Lo que pasa es que escucho las preguntas en inglés y me olvido», se disculpaba a cada rato entre risas.» Pero algunas historias no resultaban tan familiares. Lo que sigue es una apretada síntesis de casi dos horas de charla sin desperdicio.

El ocho Che

«A veces una no tiene noción del significado de un momento, o de una persona que conoce por casualidad, y recién lo comprende con el paso de los años. Por ejemplo, una vez viajábamos en un avión a Punta del Este, y conocí al Che. Pero en ese momento no podía imaginarme que se convertiría en el mito que es hoy el Che Guevara. No me tomé ni una foto con él. A Armando no le caía. En general ningún tipo buen mozo que se me acercara le caía bien, pero en este caso no era por celos.

Me explicó que no lo podía tomar en serio porque hacía varios años, el Che era un desconocido deambulando por 'el barrio', es decir, esas cuadras alrededor de Lavalle y Ayacucho donde están las empresas del negocio del cine. Armando me dijo que era común verlo en los lugares donde actores, extras y técnicos buscan trabajo, como unos bares a los que les decían 'el bar del hambre' y 'el bar de la miseria'. Conociendo eso,Armando no podía tomarlo muy en serio como revolucionario.»
Si el lector se asombra con esta historia, le recordamos que hace un par de años, cuando se preparaban dos proyectos distintos de films sobre el Che Guevara, hubo algunas referencias a ese raro dato biográfico que ahora recuerda Isabel Sarli.

Sí hubo celos en relación con otro revolucionario, pero de la ficción, el rebel-de
Scaramouche, es decir, el actor inglés Stewart Granger. «Los ejecutivos de la Columbia querían que empezáramos a hacer películas en inglés. Entonces apareció el proyecto en Sudáfrica, 'La diosa virgen'. En un principio acordamos que la iba a dirigir Armando, y que mi galán iba a ser Stewart Granger. Pero luego de arreglar todo, a la noche Armando estaba nervioso. Me decía que al no hablar inglés, no iba a poder dirigir a un actor famoso como Granger.

Yo estoy segura de que en realidad lo que le pasaba era que tenía celos de él, que era un actor muy buen mozo. Así el proyecto se detuvo, Armando quería ser el protagonista, pero los ejecutivos del estudio dijeron que él ya estaba un poco maduro para hacer ese papel. Armando era tan celoso, que si él no podía actuar, lo ponía a su hijo,
Víctor Bo, ya que era la manera de saber que el actor tuviera muchos reparos en las escenas de sexo. Y 'La diosa virgen' terminó siendo dirigida por el sudafricano Dirk De Villiers que se creía Bergman: Armando se peleaba a muerte con De Villiers, y yo me peleaba con todos, y luego me defendían los ejecutivos de la Columbia, que siempre me cuidaron mucho.

Lo mismo pasó cuando
Robert Aldrich me ofreció un contrato por varias películas. Yo estaba siempre entre Armando y mi mamá, que no se llevaban muy bien, y en la época en la que el productor inglés de 'Cul de Sac' y 'Repulsión' de Polanski compró nuestras películas, nos hicieron una oferta para quedarnos a filmar películas en inglés en Londres. El contrato permitía que Armando siguiera siendo el director, pero a mi mamá no le gustó la idea de vivir en Londres, decía que era todo gris, siempre con lluvia. Y nos volvimos.» Algunos datos del relato de Isabel Sarli sirven para entender por qué el estudio la cuidaba como a un tesoro: «Fuego» recaudó un millón de dólares sólo en los Estados Unidos (además se estrenó en Canadá, casi toda Latinoamérica, Italia, Australia, Japón y Hong Kong).

«Cuando se estrenó en Japón, 'Intimidades de una cualquiera' estuvo en la lista de las 10 películas más taquilleras de ese año. Por eso luego de 'Fiebre', Columbia nos llevó para promocionar el estreno de las tres películas siguientes.Y entonces también fuimos a Australia, Hong Kong, Cantón y la China. Yo ahora escucho que hablan de una filmación clandestina como algo novedoso: en 'Favela', la policía brasileña jamás nos hubiera autorizado a filmar en esos barrios pobres, así que Armando escondía la cámara en un auto, y de golpe alguien gritaba que venía la policía y yo tenía que salir corriendo. ¡Tenía un miedo horrible! Y obviamente las tomas en la Muralla China se rodaron clandestinamente. Ibamos a todos lados con un señor que nos puso el gobierno para que nos cuidara, es decir, que nos cuidara bien de cerca. El hacía como que miraba para otro lado, y Armando filmaba todo lo que podía.»

Luego de contar las docenas de batallas contra todos los censores argentinos, la última pregunta a Isabel Sarli fue cómo actuaba la censura de otros países. «Salvo los japoneses, que ponen unas manchitas en el pubis, no había censura ni cortes en el exterior... un momento..., hubo un único caso en los Estados Unidos. Es la primera vez que lo cuento: cuando fuimos a estrenar 'Fiebre', con una gran première que se preparaba al día siguiente, en la aduana le dijeron a Armando que no podía entrar en el país con una película que incluía caballos con todo a la vista.

Armando les dijo que, estando todo preparado para la première, entonces no tenía más remedio que cortar las escenas con esas... erecciones del caballo y que listo, todo arreglado. Pero entonces le dijeron que no podía entrar con la copia aun si pensaba cortarla, que no la podía cortar en territorio norteamericano. Entonces, él se fue a Panamá, donde conocía gente de cine y cortó esas escenas. Ahí sí pudo entrar la película, y la sorpresa es que cuando llegamos al cine donde se hacía la première, había una marquesina gigante con un dibujo con el caballo, que tenía un enorme coso a la vista, con un foquito de neón en la punta.»


Experto en rarezas

Pete Tombs es uno de los más reconocidos expertos en cine raro, films eróticos y películas de culto de todos los confines del mundo. Sobre la base de «Inmoral Tales», uno de sus libros (que con «Mondo Macabro» son considerados tratados esenciales para entender el fenómeno del cine de terror y sexo europeo, y los films bizarros de todo el planeta), Tombs y el coproductor Andy Clarke llenaron las trasnoches de Channel Four con «Eurotika», una serie sobre cineastas europeos como Jean Rollin, Jess Franco, Vale-rian Borocwycz, el argentino Leon Klimowsky y Alain Robbe Grillet.

El paso siguiente a
«Eurotika» era llevar también el sexo y terror de Oriente y Latinoamérica a la pantalla del Canal 4 con la serie «Mondo Macabro», que se comenzará a emitir en noviembre. Aquí visitaron lugares clave de Buenos Aires en lo que tiene que ver con el cine fantástico y bizarro, e iniciaron los arreglos necesarios para lograr una copia perfecta de «Sangre de vírgenes», de Emilio Vieyra, que Tombs considera «la película más rara, extraña y fascinante que vi en mi vida. Creó un género nuevo, y luego de viajar e investigar el cine más raro y original de todo el mundo nunca vi algo así».

Pero la impresión más fuerte que Tombs se llevó de la Argentina fue el encuentro con Isabel Sarli. «Hace días que estaba asustado por la sola idea de encontrarme con una estrella tan famosa en todo el mundo. Me preguntaba si ella realmente tendría idea de su vigencia entre la gente que sabe algo del negocio del cine, o entre los fans del cine erótico de todo el mundo. Lo que más me sorprendió es que, dándome cuenta de que ella lo tiene perfectamente claro, de todos modos sea la celebridad más dulce, franca y amable que entrevisté en toda mi carrera.»

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